31
Nuria López Blázquez

Capítulo 4 Autoestima

Nuestra amiga en común supuso el principal nexo de unión aquellos primeros meses. Nos intercambiamos teléfonos en su panadería y comenzamos a enviarnos mensajes. Chantal tenía horarios de trabajo inacabables con una panadería a su cargo, de modo que verla fuera de su local era complicado, salvo los lunes cuando cerraba por descanso. Así fue como me uní a su grupo de yoga: los lunes a las 20:30 acudían juntas a clase, cerca de mi casa. 

Poca gente que no viva en Madrid desde siempre puede creer que un barrio es como un pequeño pueblo donde mucha gente se conoce, dónde salir a comprar el pan puede suponer media hora porque vas parando según encuentras gente con la que llevas años saludándote y con quien estableces conversaciones casuales, repetidas que se transforman en cotidianas con el paso de los años . Por ello encontrar caras conocidas en aquella clase, lunes tras lunes, fuimos creando un círculo no muy amplio, más bien reducido, de mujeres con características comunes: vecinas en un barrio céntrico, mayores de cuarenta años, con intereses comunes y al tiempo con grandes disparidades. 

Yo me sentía principalmente ajena al grupo por mi ausencia de actividad laboral en aquella época en concreto. Entre lo que yo desde fuera veía como mujeres exitosas en sus trabajos, me veía como una intrusa. Nunca me sentí cómoda contestando que en aquel momento no trabajaba sino que preparaba oposiciones. Por mucho que ellas vieran en mi esfuerzo una importante apuesta de futuro, más teniendo en cuenta la corta edad de mis dos hijos. Yo en cambio veía con envidia sus ajetreadas agendas, reuniones intempestivas que las obligaban a anular las clases de los lunes a última hora e incluso, sus ojeras después de días de trabajo continuado para entregar informes, acudir a auditorías de clientes o contestar al teléfono durante horas porque una crisis se cernía sobre cualquiera de sus proyectos más lucrativos. 

En todas ellas yo veía a mujeres autónomas, con lo que se da en llamar profesiones liberales y carreras exitosas y ello hacía que me sintiera pequeñita, y mi ya maltrecha autoestima me hiciera evitar las conversaciones en torno a mi condición de opositora. 

 

No es que ellas me hicieran sentir así, era solamente mi inseguridad la que me impedía sentirme en igualdad de condiciones. Mis conversaciones en casa, después de acostar a los niños empezaron a girar en torno a sus vidas laborales y en la intimidad de nuestra casa aparecieron argumentos que antes no me había atrevido a expresar abiertamente. 

-No entiendo porqué te parece interesante ser autónoma. Ya lo has sido durante 4 años. Yo sigo siéndolo y sabes que es un horror

-No, no es el hecho de ser autónoma. Evidentemente es mejor no serlo, pero son sus carreras, sus vidas laborales parecen sacadas de una serie estadounidense 

-La gente miente mucho. Lo más probable es que no cuenten la realidad: tener que reunirte con gente insoportable, cambiar el proyecto en mitad del plazo, las horas extras que nadie te paga, los impuestos cada trimestre...-Mi marido era especialmente crítico con su situación cómo autónomo y siempre había visto cualquier otra opción como deseable. El dedicaba horas enteras a argumentar hasta el hastío porqué abandonar un proyecto casi finalizado porque el “cretino de” quien fuera aquella vez, no entendía absolutamente nada y ni siquiera sabía qué quería cuando le contrató para diseñar la nueva web del negocio. 

 

Pasaba horas escuchándole el mismo argumento cliente tras cliente y pocos habían sido los proyectos que había visto finalizar sin romper el contrato. 

 

-Es probable, -traté de no abundar en el tema sabiendo que era como echar sal en una herida -Pero a mi me gustaría haber tenido un trabajo de verdad, no como mi etapa de autónoma haciendo los impuestos a otros trabajadores autónomos, solucionándole sus dudas, yendo a Hacienda, explicándoles que el convite de la comunión de su hijo NO es un gasto deducible. 

 

-Siempre estás con esa idea de un trabajo de verdad. -Era cierto, mi inseguridad llegaba hasta ese punto- Un trabajo de verdad es el que ayuda a pagar los recibos, el colegio y demás...No hay que darle más vueltas. Ahora estás preparando oposiciones, es una decisión que hemos tomado como familia. Supone un coste para todos. Lo mejor es seguir, ya llevas un año y se supone que te gusta ¿no es así?

-Sí -contesté como con un resorte, sin pensar realmente. 

-Pues no lo parece cuando vuelves contando estas cosas

-Es solo que no es fácil opositar a mi edad, con dos niños...echo de menos estar activa y ganar mi dinero. 

Él resopló. Le cansaba aquella conversación. 

-Lo hemos hablado ya muchas veces. Era lo que querías hacer. Cuando saques la oposición ganarás un sueldo importante, tendrás un trabajo fijo, tiempo para estar con los niños. El resto es solo el proceso hasta llegar a ello. Que cansa, seguro. Pero hay muchas mujeres que no pueden hacerlo porque no todas las familias se lo pueden permitir. 

-Lo sé

Publicado la semana 135. 04/08/2019
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
III
Semana
31
Ranking
3 77 0