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Nuria López Blázquez

Graduación

Mi primera experiencia en una graduación de segundo de bachillerato, cuando acabé COU no se estilaban estos eventos. Recuerdo que nos fuimos con las notas en la mano, recién terminado el instituto a una discoteca y no paré de bailar sin parar toda la noche. Ni alcohol, ni drogas, ni tacones, ni siquiera estrenábamos vestido, de hecho no recuerdo qué llevaba puesto. Lo que sí recuerdo es la misma sensación, el mismo sentimiento que flotaba en esta graduación tan diferente: despedida definitiva, sabiendo que es muy probable que vaya a ser la última vez que veas a esa gente. 

Ahora les veo desde el otro lado, desde quien fue su profesora. Les he visto crecer en el sentido más literal del término, transformase y hablarme de manera completamente diferente en octubre que ahora, con el curso terminado, cerrando esta etapa, alguno con cierto temor en la mirada cuando le interpelas acerca de sus futuras decisiones. 

“¿Qué vas a hacer ahora?” es después de “enhorabuena” la expresión que más se escucha y son mayoría quienes no saben responder y sonríen despistados, pensando en que esta tarde y esta noche da igual. Queda reflejado el carácter de cada cual: risa sonora, carcajada que responde sin pronunciar lo: “¡y yo qué sé!” y entre ellos como elegidos, quienes saben desde principio de curso en qué quieren convertirse, curiosamente, siempre profesiones que acostumbramos a llamar vocacionales. 

Ninguno tiene vocación por convertirse en economista, pero sí encuentro un policía, un trabajador social y una pedagoga. Curioso. Quizá sea la edad la que transforma la vocación en mirada práctica. 

Pero esa tarde, al sol de un mayo que amenaza  julio, entre vestidos largos, espaldas al aire, chaquetas oscuras con camisas blancas y tacones imposibles, prevalecen las palabras de futura nostalgia. Son jóvenes pero conscientes de que han pasado una parte fundamental de su vida en el instituto y que no volverán a disfrutar de tanta tranquilidad como durante esos años, a partir de ahora vienen horas de estudio, decisiones vitales sobre cómo encauzar sus próximos años, quizá su vida completa y ello libera lágrimas durante los discursos de graduación, las palabras de cariño de sus profesores, los abrazos e incluso los gritos cuando se pronuncian nombres de tutoras, compañeros y premios extraordinarios de quienes han destacado en esta fase.

Invariablemente una sonrisa brota en todas nuestras caras manteniéndonos expectantes ante cada estudiante que sube a recoger su diploma, cada palabra de agradecimiento y cada gesto que escrutamos con el ansia de saber que puede ser la última vez que les veamos. Les toca vivir solos ya.

Publicado la semana 125. 26/05/2019
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