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melbag123

Más allá del sexo (VIII)

—Tu padre me ha dicho que tenías una relación con un hombre —dijo el psiquiatra acomodándose los lentes. Había tratado de discutir este tema conmigo desde el mismo día en que me ingresaron.

            No contesté.

            » ¿Es que te gustan los hombres? Puedes hablar conmigo. Todo lo que hablemos se queda entre nosotros. No le diré ni siquiera a tus padres. Además, eres mayor de edad y eres responsable de tu persona.

            —¿Alguna vez usted ha sentido que no es usted? —pregunté harto, decidido a que me dejara en paz.

            —No. Pero puedes explicarme qué quieres decir con eso.

            —Mire, doctor… Desde que era niño, yo sabía que una mujer vivía dentro de mí. Que este cuerpo que tengo, no me correspondía. Yo no quería jugar los juegos bruscos que jugaban los varones, prefería los juegos de niñas. Cuando estaba en la adolescencia, tenía muchas amigas. Me gustaba estar con ellas, pero no me atraían en el sentido sexual. Me atraía su belleza, sus vestidos, sus peinados, pero solo porque quería ser como ellas. Usted no tiene ni idea de la desesperación que sentía al no poder serlo. ¡Es que estoy atrapado, doctor! Y ya no quiero estarlo. ¡Odio mi cuerpo! Yo no soy quien soy.

            —¿Dice usted que siente que una mujer vive dentro de usted?

            —Sí, señor. Eso he sentido toda mi vida —respondí llorando en total desespero.

            —Es que usted tiene un trastorno de personalidad —respondió el galeno—. No se preocupe. Vamos a ayudarlo. Cuando esté repuesto podrá irse libre de este problema.

            Me di cuenta que el psiquiatra no tenía idea de lo que le estaba hablando. Decidí callar desde entonces y «tomar» la pastilla que me iba a liberar de Alondra. Pobrecita mía, cómo si pudiera matarla con una pastilla. Estuve tres meses en el sanatorio. Sabía que observaban cada uno de mis movimientos y no hice nada para comunicarme con Edward a pesar de lo mucho que lo extrañaba. En cada reunión con el médico le decía que me sentía mejor. Que ya no sentía que quería liberarme de nada. Que no había ninguna mujer dentro de mí. Que ya me estaba conforme con mi condición de varón, le dije un día. Ufano por haberme sanado de mi depravación moral, me dio de alta.

Derechos reservados, Melba Gómez, octubre 2017

Publicado la semana 40. 07/01/2018
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