38
melbag123

Más allá del sexo (VI)

   Edward seguía firme y consecuente en la obtención de su carrera. Hacía todos los esfuerzos necesarios y yo lo ayudaba en lo que podía con sus trabajos y los exámenes. Teníamos nuestra rutina. Por la noche juntábamos las camas y en la mañana cuando él se iba a entrenar yo las separaba. A veces lo veía llegar tan cansado que luego del baño le daba masajes para que se relajara y enseguida se adormilaba. Me quedaba mirando a aquel hombre enorme que me aterrorizó cuando llegué a la universidad y ahora me parecía un niño dormido que me inspiraba una gran ternura.

       Sabía que ni Alondra ni yo jamás podríamos vivir sin él. Alguna vez le había hablado a Edward de ella y se reía. Decía en broma que había conseguido dos amores por uno. No sé si alguna vez él se dio cuenta de la magnitud de este amor, pero yo sentía que era mucho más que nuestros cuerpos los que se envolvían en aquella danza rítmica y cadenciosa cuando hacíamos el amor. Era el alma misma la que se nos iba en ello. Lo que sentíamos no era un simple enamoramiento, ni atracción física, era amor verdadero.            

            Ya en las vacaciones ni pensábamos en ir a casa. Antes Edward no iba por falta de dinero, ahora porque era la única forma de vivir nuestra relación libremente. Mis padres insistían en que yo fuera a visitarlos, pero yo le daba mil excusas y me quedaba.

            —¿Tienes una novia? —preguntaba mi madre cada vez que llamaba.

            —Muchas, muchas —contestaba para satisfacer su ego.

            —Solo te falta un año para terminar la carrera, hijo. No has venido a vernos desde que te fuiste ni una sola vez.

            —Es que me quedo con las novias, madre —decía—. Tengo que atenderlas. Ya sabes, durante las clases tengo mucho trabajo con las tareas. Libros que leer, monografías que entregar. Esto de estudiar Literatura es bastante complejo.

            —Bueno, está bien… Pero no dejes de llamar en Navidad.

            —No te preocupes. Te llamaré cada semana para que estés contenta. Saluda a papá.

            —Está bien, hijo —se despedía llorosa y aunque me sentía  un poco culpable, no era capaz de separarme de mi amor.  

            Edward y yo salimos una noche, de esas en que decidimos salir a cenar y visitar la taberna de Frank. Se nos pasaron los tragos, piropeando a unas muchachas que andaban mariposeando alrededor nuestro. Luego de deshacernos de ellas con miles de pretextos — a eso de la una de la mañana—, decidimos regresar. Íbamos riéndonos y hablando de ellas. Sabíamos que estábamos solos en el edificio. Todo el mundo se había ido a celebrar Navidad en casa. Cuando llegamos al final de la escalera, Edward me abrazó y me estampó un largo beso en la boca.

            —¡Depravado!

Derechos reservados, Melba Gómez, septiembre 2017

Publicado la semana 38. 07/01/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
38
Ranking
0 273 0