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melbag123

Más allá del sexo (V)

Una madrugada en la que llegamos tan borrachos que apenas podíamos sostenernos uno al otro, abrimos la puerta y quedamos mirándonos de frente. Por unos segundos, que me parecieron eternos, me pareció ver en los ojos de Edward a Alondra. Un impulso me acercó a él y sin pensarlo sus labios besaron los míos in promtu. Le correspondí —como cualquiera que ama responde un beso de amor—, entregándome a una pasión nunca antes vivida. En esa alborada, supe por fin lo que era amar sin medida, con el alma, con el cuerpo, con el corazón. Como lo hace cada ser humano, más allá del sexo. Nos quedamos dormidos y abrazados.

        Desperté primero. Me levanté y caminé despacio hasta mi cama para no despertarlo. No sabía si Edward recordaría lo que había pasado. No sabía cuál sería su reacción. Me quedé mirándolo desde mi cama. Ya antes me parecía guapo, pero ahora, me parecía hermoso. Era casi la una de la tarde cuando despertó. Me buscó con la mirada.

            —Ven acá —dijo.

            Yo me acerqué a su cama nervioso. Él estiró su brazo, que era como dos veces más ancho que el mío, y agarró mi mano. Me haló para que me sentara a su lado.

            » Esto que ha pasado entre nosotros me preocupa. No me arrepiento, Arturo. Pero si nos pillan, sabes lo que va a pasar. Lo sabes, ¿no?

            —Sí, claro que lo sé —contesté entendiendo su situación. Su beca era todo lo que tenía. Si sabían de esto lo echarían de inmediato. Un futbolista era la viva imagen del macho—. No volverá a suceder. Guardaré la distancia—prometí.

            —Te amo, Arturo —declaró—. No tienes que guardar distancias mientras estemos solos, pero tenemos que ser cuidadosos. ¿Está bien?

            —Sí… también te amo. No haré nada que te perjudique —le aseguré.

            Continuamos nuestra relación durante el resto de las vacaciones. En nuestra habitación éramos felices. A veces nos preguntábamos por qué el morbo de la gente de saber qué pasaba en la cama de los que sentían como nosotros, si para nadie era motivo de escrutinio las relaciones heterosexuales. Afuera, presentábamos al mundo lo que querían ver. Un futbolista compartiendo con el compañero de cuarto, ambos guapísimos. Le mirábamos el trasero a las muchachas, le echábamos piropos y hasta un trago le comprábamos de vez en cuando.  A veces me sentía harto de aquella farsa. Alondra gritaba dentro de mí. Pero Edward me suplicaba que tuviera paciencia, que era la única forma de sobrevivir, por lo menos hasta que termináramos la universidad. Ya luego nos iríamos a San Francisco. Lo teníamos todo planeado.

Derechos reservados, Melba Gómez, septiembre 2017

Publicado la semana 37. 07/01/2018
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