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Johan Cladheart

Cuadragesimoséptimo golpe — Notas mañaneras

Buenos días, Amor. Si es que a esta noche cerrada se le puede llamar día. Mi plan de dormir a pierna suelta ha resultado un fracaso. Las 5:48, me dice el reloj descojonándose. Aún le doy vueltas a todo. Parece que las decisiones las toma algún órgano de ahí dentro, por las entrañas, no sé dónde —habrá que preguntarle a un fisio— y luego nos dedicamos a racionalizar las decisiones con el cerebro. El órgano ése de ahí dentro, sea cual sea, me dice que me vaya. El cerebro arguye algo de dinero y de ser frío y calculador, pero los cerebros están sobrevalorados, ya lo he dicho aquí. Al fin y al cabo, ése es el cabrón que me decía que no era racional ni lógico estar contigo. Que esperara, que no era el momento. Valiente gilipollas. ¡Que vivan las entrañas! El mecanismo de decisión más valioso y natural que existe y que cientos de miles de libros después hemos condenado al ostracismo. Ni siquiera sabemos dónde narices está. De todos modos, poco importa eso. Sólo pienso en dormir en una cama gigante después de una sesión de spa y acupuntura, en terminar algún libro, en el silencio de un pueblo perdido de la mano del hombre.

El café se acaba. Todo lo bueno lo hace, menos esta noche eterna. Medio rayo de sol que descongele un poco el parabrisas. Es todo lo que pido. Y un cuaderno sin anillas, o aprender a escribir cada página con una mano. ¿De qué vale ser zurdo si no? Hoy será un día largo. Por el trabajo o por el sueño o por la falta de ambos. Por lo triste de comer de tartera en una cocina de oficina y especialmente por estar a unos interminables 17 kilómetros de ti. Pero todo se acaba, como este café.

=)

Publicado la semana 47. 25/11/2017
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