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Johan Cladheart

Vigesimonoveno golpe — No es país para vegetarianos

Nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre. Sí, señorías. Yo, que fui criado en Segovia, tierra en la que sólo se comen bebés de animales y la verdura no se usa ni para decorar, y, afincándome poco a poco en la zona de El Bierzo, donde si pides «algo que no tenga carne» te traen un pulpo más grande que un balón de playa, he iniciado las correspondientes gestiones para convertirme en vegetariano. Si me lo dicen, no lo hubiera creído. Qué va. Es más, yo era de los que hacía chistes con ello, así que ahora me los tengo que comer con patatas (que sí que puedo).

Por mis raíces, para mí era lo más normal. Si no eran perros o algo así. Por alguna razón distinguimos entre animales y mascotas. Es todo cultural; igual que comer percebes y no saltamontes. No sé, supongo que el no ser el ejecutor y que los filetes no tuvieran ojos ayudaba. Sí tenía reparos. El modo de crianza, la crueldad… pero, bueno, como el que los tiene cuando se para a pensar que su ropa la hacen niños en Bangladesh, pero acaba dando codazos en las rebajas. Son cosas que se saben, pero se está muy a gustito en Matrix, ya me entienden. El que esté libre de pecado, que me tire una piedra a la cabeza. En fin, un documental tuvo la culpa. Resulta que había más motivos de los que yo pensaba para serlo y estaba en la inopia. De hecho, todos los motivos. Mucho más que la tortura. Morfeo tiró del cable y me tragué la pildorita roja sin agua siquiera. Si quieren una, no tienen más que decirlo, que yo se la consigo.

Dicho esto, he de advertirlos: si deciden dar el paso, no intenten salir a comer a ningún restaurante del país y elegir una menestra de verduras sin jamón o un bocadillo vegetal sin atún. ¿De qué árbol colgarán las latas de atún? En serio, es imposible. Uno no se da cuenta de la explotación ganadera que se hace hasta que la quiere eliminar de su dieta. Ya hablé en una ocasión de lo que suponía ser abstemio y salir a la calle indemne —lo llamé No es país para abstemios, de ahí el nombre de hoy—, y eso que tampoco lo soy a tiempo completo. Únanle a esto que también evito el azúcar y otras mierdas innecesarias que el mundo se ha acostumbrado a consumir. Están en todas partes, en todo evento social. Si lo piensan, todo es cuestión de drogarse. Uno puede resignarse o claudicar. A veces no queda otra. Y no culpo a nadie ni exijo nada, oigan. Es una decisión mía y soy yo el que tengo que apechugar y no el resto del mundo. Eso lo tengo claro. Nadie da facilidades en la guerra y menos a un soldado raso. Pues eso, no queda sino tragar.

Publicado la semana 29. 28/11/2017
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