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Johan Cladheart

Vigesimosexto golpe — El chico nuevo

Encamisado y de largo en este desierto madrileño entré en la nueva oficina. Las miradas sobre mí y las mías al infinito, por si me encontraba con alguna. Una eternidad de ojos nuevos vestidos con toga y martillo de juez. Mis pies directos al banquillo. Emoción, arrepentimiento y miedo formaban un combinado peligroso. Vi, por el rabillo del ojo infinito, miradas de admiración. También de desconcierto. Tornas cambiadas de caras conocidas. Rostros instigadores. Una firma por aquí, una huella por allá, un usuario nuevo. Nombres, miles de nombres. Hasta uno como el mío. Unos papeles, un correo, un «luego hablamos, siéntate ahí». Delante, un sistema operativo que no había usado en nueve años y, detrás, un ruido de conversaciones incansablemente molesto. Busqué la salida instintivamente. No puedes salir corriendo, chico nuevo. Al final, bocadillo de patatas. Sin huevos. Ahí te quedas, mirando la pantalla mientras la ventana te recuerda que el viento se mueve ahí fuera. Te han vuelto a enchironar, calamidad. ¿Qué has hecho esta vez? Deja de darle vueltas y haz tu trabajo, que para eso te pagan.

Buena pregunta: ¿qué narices se supone que tengo que hacer?

Publicado la semana 26. 03/07/2017
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