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Johan Cladheart

Vigesimotercer golpe — Escritura automática

Lo oí en una charla de un poeta bohemio hace un tiempo. Decía que a veces escribía casi dormido; apuntaba frases inconexas cuando estaba a punto de caer rendido y no podía procesarlas, simplemente «trasladarlas». A veces obtenía resultados increíbles. No siempre, claro. Resulta que se llama «escritura automática» y, viéndome las horas en vela como me las veo, me pareció buena idea ponerlo en práctica para uno de mis golpes. Esto salió de mi cabeza un miércoles a las 2:45. Tan sólo he corregido la ortografía. No me juzguen. O sí, ustedes verán.

La luz es tenue como un manillar, como un reloj desgastado de apuntar al aire. El plomo se gasta en la rúe. Las balas se caen cada vez. Piensa en cada cerebro del mundo: imagina lo que sería almacenar las ideas y que el mundo fuera automático. Tintes de gris en las briznas del aire. Fluir como único ejercicio, la sensatez desnuda como oficio. No es casual la rima. Son años improvisando después de los directos. Aún mantengo la consciencia y me duelen las manos de sostener este cacharro. La luz tenue del móvil. Haz un esfuerzo y sigue imaginando. No te despiertes. No borres nada. Duerme, como un caballo exiliado. Jardines vallados de mármol. Jauría de lobos delgados. Ataques de cuervos en masa. Pentecostés cada día. Palabras que no son más que un arroyo. Pausa. La nada. Escribe la nada. ¿Cómo se puede escribir la nada siendo nada? Demonios habitan en cada flor.

Imagina un árbol muriendo en forma de nube de hongo, justicia natural. El infeliz rostro del diablo consumido por las lágrimas. Máquinas escribiendo poemas con precisión. ¿Para qué serviremos entonces? Mentes febriles y ojos apagados, vueltas de tuerca sin resolver. Lo noto. Los dedos se mueven sin que yo pueda pararlos, ¿acaso está todo guardado ya en los cajones del tiempo? Relámpagos en forma de esqueleto. Abismos de mentes a los que no saltamos nunca. Bendita locura. Grafitis de cierres cobran vida por la noche y hablan entre ellos. Las imágenes pasean por aquí, yo no soy más que un mero escriba: una máquina que oye un idioma y lo traduce a otro sin reflexión alguna. ¿De dónde viene la magia? ¿Qué secretos porta? ¿Qué es lo que enciende la chispa? ¿Dónde queda la memoria de los sueños? Hojas de laurel mordidas, pero no enterradas. Gloria a los perdedores y a sus agallas. Que no nos quiten lo fracasado. Que el sueño me aleje de los funestos espíritus azules que desembarcan en las almas rotas.

Publicado la semana 23. 10/06/2017
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