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Johan Cladheart

Vigesimoprimer golpe — Lobos con piel de perro

Ahora que el mundo ha cambiado de órbita y ya no gira alrededor de mi ombligo, sino en torno a un ombligo más pequeño, atado aún a un cordón caduco, todo parece más sencillo. Las prioridades están más claras. El peso de la importancia que uno cree tener se desvanece. Puede ser cierto aquello de que en realidad los hombres están hechos para las jaulas y las órdenes. Igual que algunos lobos se buscaron las castañas a costa de ser más amistosos y dóciles con el hombre, convertidos en perros millones de años atrás a cambio del favor de la comida. Cada uno sobrevive como puede, he aprendido a no juzgar. Hay quien prefiere ser un lobo solitario y sacarle los dientes al mundo, aullando de noche. Lo sé porque yo he sido uno de ellos. Ahora, tras millones de segundos de evolución, he aceptado el fuego del hombre y sus órdenes, para volverme uno de esos perros mansos a los que tanto vilipendié, de los que se venden por comida. Aún tengo principios, no crean que no, pero se esfuman rápido si el cachorro necesita cualquier cosa. Elegí mi jaula, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata la libertad. Saber a quién le haces el besamanos. Con la rodilla hincada, dando gracias a la pequeña tirana que doblega mi voluntad, pienso en mi imagen más joven gritando aquello de «mejor morir de pie que vivir de rodillas». Chaval, vivir de pie es muy cansado. Pensar es extenuante. Se vuelve amarga la contracorriente. Los huesos duelen más. No me juzgues, chaval, si hoy me ves como un perro de compañía. Todo está bien, siempre que el perro de compañía no olvide que aún hay restos de sangre debajo de su sonrisa.

Publicado la semana 21. 27/05/2017
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