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Johan Cladheart

Decimotercer golpe — Decimotercer insomnio

Permíteme que vuelva a molestarte esta noche. Deja que vuelva a merodear por el orden de tus letras, ése que nunca entendí, pero que sé de memoria. Cu, uve doble, e, erre, te… No es que te tenga abandonado. Al contrario. Cada semana me devano las vivencias para relatar algo decente, lo consiga o no. Y sé que tenemos cuentas pendientes. Sé muy bien que hay historias por terminar y otras que sólo son embriones. Algunas ya en la pista de salida, esperando el visto bueno para despegar —que parece no llegar nunca—. Pero hace tiempo que no vengo a verte así, al desnudo, de noche, con el silencio por testigo. Para serte sincero, no creo que podamos volver a hacer esto, viejo amigo. Se avecinan cambios importantes, y, si todo marcha como esperamos, tal vez no vuelva tampoco de día: dicen que para escribir hay que estar en guerra con uno mismo. Tal vez tenga que despedirme, ahora que nos estábamos conociendo. Ahora que nos gustábamos. No te preocupes. Siempre llevaré una libreta para capturar ideas fugaces. Al menos las coleccionaré en el bolsillo. Y el público… bueno, no creo que nos eche de menos. Dicen que los sordos miran a los que bailan como si estuvieran locos. No sé si habrá almas ahí fuera pendientes de nosotros, pero la invisibilidad ya empezaba a doler. Quizá no se trate de eso, pero déjalo estar. Nunca se me dieron bien las despedidas. Me pasaría la vida empezando cosas y dejándolas a medias, ya lo sabes. Los principios son puros y ciegos de ilusión. Son como amaneceres pausados y claros en los que estás seguro de que saldrá el sol, en los que las ganas corren más que la vida. Los finales suelen ser tristes y solitarios, crepúsculos que mueren en ocasos a solas, de golpe. Como éste. Para colmo, llueve. Siempre llueve en las despedidas. Pero ahí está la magia, ¿no? En los susurros de agua sobre el cristal, en las noches en vela, en la sensación de vacío y pérdida que invade tras la última página de un libro. Como ésta. Pero no sufras. Las buenas historias hay que acabarlas de madrugada, como los buenos libros. Así debe ser. Mañana podrás elegir una nueva, si aún te quedan ganas.

Publicado la semana 13. 28/05/2017
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