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Javier Oliva

el hierro

me contaron otra vez


la siguiente historia


: érase que se era un lugar en el que


la gente solía criar cerdos


- aparte de gallinas, coles y hortalizas -


, durante un largo año


con la sana intención de comérselos


al llegar el frío con la matanza


; y a todos esos cerdos


, perdón, a sus propietarias


, se les daba la ocasión de pagar un tanto por cabeza


para que sellaran su costado


con un hierro candente


de una gran cooperativa


: ¿con qué objetivo


? por la también sana precaución


de pensar en las posibles enfermedades


de aquellos marranos


: léase, la triquinosis


: una podredumbre que impide comer lo afectado


bajo riesgo de muerte


; con ese temor, imaginemos que en el día de la matanza


la veterinaria hace la prueba


y resulta que tu cochino animal


tiene las malditas larvas


de manera que su carne, sus jamones, sus andares


, no se podrían vender


y, casi con toda seguridad


, tu familia y tú no podríais comer


y, de ahí, la exitosa historia del hierro


: pagar un tanto por cabeza de gorrino


, por si acaso se da el caso


de que el tuyo es el afortunado


que la espicha por el bicho


y entonces la cooperativa del hierro


se rasca los depósitos


y va y te paga como si tu cerdo hubiera estado tan sano


; y así es como el ser humano inventó


esta antigua historia de los seguros


, y por cada miedo que tuvo


un seguro pergeñó


.

Publicado la semana 25. 25/06/2017
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