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Javier Oliva

tambarujas

recuerdo que un día llegó una extranjera

y nos dijo

que había que borrar los apellidos

para empezar a llamar a las cosas por su nombre

; a priori, estuvimos de acuerdo

. entonces, de manera inocente

, hubo quien entró en una habitación desordenada

y exclamó ‘huele a zorrococo

’, para acabar marchándose

; también hubo quien dijo en voz alta

‘tambarujas

’ refiriéndose a las agujas secas de los pinos

, las que hacen de alfombras en los bosques

; pero no nos entendimos demasiado

. quisimos, por tanto, seguir borrando apellidos

, desproveyendo a los fantoches de sus máscaras

, limpiando lúgubres lápidas

para así distinguir cuál era la discusión verdadera

de este mundo en el que vivimos

. tras miles de partidas

hubo que admitir que es inútil

hacerse trampas al solitario

: algo infértil y absurdo

. por otro lado, hubo quien reclamó para sí

el sentido del tacto

argumentando finamente

: ‘yo, a veces, si no puedo tocarlo, no puedo pensarlo

y si no puedo pensarlo, no puedo sentirlo

’. no le faltaba razón

, todo ello según su firme parroquia

, que continuaba su perorata

con aquello de que ‘hay gente

que tiene horror al vacío

y lo llena todo de palabras

’. después, se le cedió el altar

a quienes observaban estar rodeadas de gente que no se quiebra

, pero que finalmente era asaltada por las dudas

. ‘qué susto’, se encogieron al unísono

y el resumen fue este

: quien quiera verdad que la sude

, que se agache

, que tambalee en la incertidumbre

, que se ponga en camino, que corra, que tenga dudas

y que, valiente, se diga

: pisemos tambarujas

.

Publicado la semana 149. 10/11/2019
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Género
Poesía
Año
III
Semana
45
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