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Hector Dominguez

El eclipse.

Seguro que esta noche, Marte también se reflejó en el dorso de tu mano. Allí arriba ha nacido un rostro lunar con la mirada infinitamente profunda. Abismo atravesado por el tiempo cultivando su silencio. Luz que refulge y se desplaza como la sangre que corre por las nervaduras sagradas de tu cuerpo. Luz que vuelve nuestros ojos rojos,  marterializados, muertos de sed y de hambre de planetas nuevos. ¿Apegados nuestros ojos están a la desesperanza?

¿Hemos creado esa mirada imposible al penetrar con nuestras oscuras cavidades en la grieta más prometedora del cráter? ¿Al clavarle nuestros colmillos oculares a esa madre pálida que nos amamanta y atempora? ¿Pero qué es mirar, a fin de cuentas, si no atravesar cuerpos encendidos como el viento, que se hace más cálido, dulcificando cada parpadeo?

Si pudieras verte los ojos, por un solo instante, como yo los veo cada vez que los miro te descubrirías al fin.

¿Será este el terrible peso que hemos de soportar por algún pecado original? ¿Partir siendo invisibles a nosotros mismos?

¿Dónde buscar más allá de los efímeros reflejos planetarios?

Amigo mío, tranquilo, esta noche la luz ha vuelto a encontrarse con la infinita oscuridad y la ha eclipsado de nuevo.  Y al amanecer,  habrán tres flores nuevas en el desierto de Atacama. 

"Confieré en el tiempo en las tardes azules del verano. Somos del linaje del las flores."

Te quiero mucho.

Publicado la semana 82. 29/07/2018
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Género
Poesía
Año
II
Semana
30
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