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Hector Dominguez

El sabor amargo

NOCHCE 30. Aquella noche, después de hablar contigo por teléfono, empecé a fumar de nuevo.  Pocos segundos después de encender el cigarro, todos los que estábamos allí, asistimos al nacimiento de la lluvia, que caía como por primera vez sobre Sarajevo. El gas de mi cerveza dejó de elevarse en ese momento. El peso y la densidad de la lluvia hicieron desaparecer toda esa infinidad de burbujas microscópicas que ascendían, inevitablemente, transgrediendo los límites del vaso hasta deshacerse en el aire, las menos.  La inmensa mayoría murieron dentro de si mismas, comiéndose su propia lengua,  sin haber probado apenas el sabor amargo de su existencia. Toda nuestra esperanza ascendiendo en cada burbuja: ¡No hay esperanza, dicen que no hay esperanza en la ciénaga informe!                                                            
Publicado la semana 34. 29/09/2017
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