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Hector Dominguez

La comunión del viento.

Leo la interpretación de Iqbal sobre el gran Rumi, el poeta persa y maestro sufí que le cantó al vino y al amor:

“ Parece, pues, que Rumi no sólo mira la materia como si fuera producida por la mente sino también como siendo dependiente para su existencia de la mente. No sólo esto. Mira la mente como independiente de la materia. La pregunta: cómo la materia, que es un atributo del alma, puede también ser producto del alma, queda sin responder por Rumi.”

Me encuentro algo confuso intentando comprender esto y lo leído anteriormente en ese mismo ensayo, cuando veo que el viento mueve las hojas de los árboles que hay en el patio exterior de mi casa. Entonces me asomo a la ventana, en esta tarde soleada del último día de marzo en Madrid, y veo una mariposa bastante grande y hermosa, de terciopelo negro y motas anaranjadas. Sigo su vuelo errático pero incesante de un lado a otro: veo como sube un pequeño tramo para posarse en un ladrillo durante unos segundos y volver, enseguida, hacia el asfalto. Allí se queda otro rato y luego asciende de nuevo hasta el ladrillo. El viento es tan fuerte que zarandea a la mariposa por lo que parece que está borracha... Me recuerda a mi.

Entonces pienso: ¡Claro! la mariposa está aquí para aplacar mi turbación, para seguir diluyendo dualidades, que es otra de los temas fundamentales en la obra de Rumi. Dualidades como la que se establece entre el miedo y el valor.

Mientras tanto, sigo y sigo a la mariposa en su vuelo y, compruebo, como apenas se aleja de mi unos centímetros. Yo soy el centro en torno al cual se desplazan sus antenas. A partir de ese momento comienzo a sentir algo de miedo, no sé porqué, pero la mariposa me asusta.

Entonces pienso que tengo una especie de resistencia a entregarme a la felicidad o a la belleza. Como si la mariposa fuera un espejo de mi alma y me asustara de mi mismo en realidad. Como  esos miedos que surgieron cuando era un niño y continuaron durante mi adolescencia. Por suerte, con el paso de los años he ido cambiando un poco.  Cada vez confiado más y son más los momentos en los que me atrevo a entregarme a lo infinito con alegría. Lo infinito, que debe ser algo muy parecido a la belleza o su reflejo... Esta tarde llevo un rato preocupado con ese tipo de pensamientos inmaduros que de niño me asaltaban cuando me sentía pleno, feliz. Era como si apareciera en escena una alarma pegajosa para hacerme consciente de la inminencia de un sufrimiento que, en realidad, era producido por la propia alarma y por nada más. Miedo al miedo. Como si, por parafrasear a Igbal interpretando a Rumi, el sufrimiento, es decir el miedo, fuera producto y atributo de la alarma y al mismo tiempo, no fuera posible sentir miedo sin nombrarlo, sin elegirle un nombre, sin lenguaje. ¿ Será qué nos dan miedo las palabras ? No sé.

Dejo estos pensamientos flotando en el salón de mi casa para seguir mirando a la mariposa con atención y, al cabo de un rato, solo siento alegría en mi interior.

Y entonces pienso: ¡ Claro ! ya ha pasado el tiempo suficiente, no cabe duda de que la mariposa y yo hemos intimado. Estamos juntos en esto, acompañándonos. ¡ El mismo viento se encuentra con las antenas que hay sobre su cuerpo y con el pelo rizo que hay sobre mi cabeza !

Entonces sigo la mirada que proyectan sus antenas y surco la distancia en una panorámica perfecta que cruza un naranjo y un álamo hasta llegar a un grupo de vecinos que juegan con sus hijos disfrazados de spiderman. El hecho de que no estemos en carnaval provoca que este grupo de personas me caiga mucho mejor todavía. Creo que uno de los padres, con los que nunca he cruzado una palabra es trompetista, aunque tal vez lo haya soñado. Ya son varias las tardes soleadas en las que me siento a leer cerca de la ventana y los observo al levantar la vista del libro.

¿ Será que sin saberlo nos estamos acompañando, ellos y yo ? ¿ Será que la mariposa se me apareció en su forma con un objetivo oculto tras su apariencia de realidad ? Que no podría ser otro que hacer que terminase mirando hacia esas personas para fijarme en los disfraces de los niños y en sus padres trompetistas y poder así, asomarme a su felicidad además de a la ventana. Y desde allí sentir como conectamos todos en esta comunión del viento que se encuentra con lo que sea que son ellos y con lo que está cerca de ellos, de mi y de nosotros...

Y entonces pienso en ti y te imagino bailando en el ensayo, extenuada, ya casi sin aliento y veo como te asomas a una de esas ventanas del centro cultural Conde Duque, parar coger aire y este mismo viento se encuentra con el pelo de mujer salvaje que hay sobre tu cabeza y contigo y te entra por los poros de la piel y por la boca abierta y te atraviesa para permitirte a ti también asomarte a la felicidad de esta última tarde de marzo en Madrid. Esta tarde en la que entre todos abolimos el espacio y la distancia para acompañarnos y comprobar como nuestras almas se estiran en esta comunión del viento.

Entonces pienso en ir a mi habitación y escribir con todo esto mi primer Haiku, algo muy sencillo, un texto extremadamente breve y equilibrado. Entonces pienso: Y si comienzo el texto con una cita de Iqbar para luego seguir con otra cosa y así durante un rato hasta que llegue la hora de irme a meditar y de pasar a otra cosa mariposa.

Entonces siento: en lo feliz que me pienso en este momento en que tanto siento monta tanto.

Publicado la semana 14. 26/09/2017
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