Semana
51
fisherwoman

Seis grados de separación -del 1 al 51-

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En invierno todos somos un poco tortugas y nos escondemos en el cuello de nuestros abrigos para tener un lugar privilegiado desde donde ver pasar el frío.

Allí lleva ya un buen rato Miguel, apoyado en el escaparate de una tienda de Sfera, mientras la gente cruza a su lado y se dirige con prisa a cualquier sitio porque al final lo que importa es la prisa, mucho más que el destino. Y tiene que ser así. Si nos parásemos a pensar dónde vamos, la mitad de las veces no llegaríamos. No querríamos hacerlo.

Pero no perdamos de vista a Miguel, que sigue donde estaba. No se ha movido ni un milímetro. Está esperando a Marta, su novia de toda la vida que sale ahora de trabajar. Lo que Miguel no sabe es que ella terminó su turno hace un buen rato y lleva sentada una hora en el banquito del vestuario porque no quiere salir de la tienda. No por el frío, el frío no tiene nada que ver. Lo que pasa es que Marta conoció a Sergio unos meses atrás y no tiene ni idea de cómo decírselo.

Sergio trabaja en una de las oficinas que inundan la zona de trajes a medida. En realidad, él no le ha pedido a Marta que deje a Miguel. A Gisela tampoco le ha pedido nada, aunque ella está deseando que lo haga. Si Sergio se lo pide, se quita del Tinder, Happn, Badoo y de todas las aplicaciones que llevan años viviendo en su móvil para que la soledad sea un poco más llevadera.

Gisela es la camarera del Café & Té tres números más allá. Su jefe, Francisco, podría estar enamorado de ella, pero le gustan los hombres. Le gustan los hombres y aún no se lo ha dicho a ningún hombre. Ni siquiera a su hermano, Juan. Él ya se lo imagina, lo que pasa es que prefiere que salga de su boca, como Luisa, su pareja los últimos cinco años, que sueña cada noche con los labios de Juan pronunciando la palabra matrimonio. Y nada.

Si estuviera Claudia, su vecina, le diría que fuera a una joyería y se eligiera ella misma el anillo de compromiso. Así por lo menos sería de su tamaño. ¡Ay! Cómo echaba de menos esos cafés a cualquier hora. Aún faltaba otro mes para que saliera del hospital. Su hijo, Iván, estaba un poco en shock. Normal. Es difícil empezar a llamar a tu madre papá.
Publicado la semana 51. 25/12/2017
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