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Laura Pesquera

Made in Hollywood

El polvo llama al polvo. Paquita lo sabía, por eso no se esmeraba demasiado en limpiar aquel inmenso poblado, aunque le pagaran por ello. ¿Para qué barrer en el desierto? Pero aquel día llegaban los americanos y tenía que dejar los decorados relucientes. Mucho Hollywood, mucho estudio, y cada vez que querían rodar un western hacían las maletas para Tabernas. Con lo tranquilita que estaba ella cuando aquello funcionaba como un parque temático casi fantasma.

Ahora, los rodajes también tenían sus cosas buenas. Y esta vez venía en forma de Dios griego con fama planetaria de hombre perfecto. Ryan Rosling. ¡Ay, Paquita! En cuanto lo viste se te cayeron las bragas. Reconócelo. Bueno, es igual.

A sus 39 años, Paquita tenía otras preocupaciones. Mujer soltera, de curvas incontroladas, sin hombre consorte ni historia de amor incipiente. Hacía tiempo que el género masculino se había tornado un mundo hostil para ella y había renunciado a él, conformándose (de buena gana) con una enorme colección de juguetes eróticos al que daba uso cada día de la semana. Solo echaba una cosa en falta: esperma. Esos soldaditos flagelados capaces de propulsarse hasta uno de sus óvulos y fecundarlo para formar el que seguro sería el gran amor de su vida. Porque Paquita, por encima de todas las cosas, quería ser madre.

De hecho, estaba apuntada en una de esas listas interminables para inseminarse y acababa de empezar el primer tratamiento, consistente en un cóctel molotov de hormonas que le pusiera a tono y un jeringuillazo inyectado dentro de su vagina cuando estuviera ovulando lleno de melaza fresca y potente.

Ahora, con todos estos datos, ya sí, podemos volver al momento en que Paquita conoció a Ryan Rosling y se le fue la cabeza. Es probable que la culpa de todo la tuvieran las hormonas. O no. El caso es que, al poco de que comenzara el rodaje de la película, a eso de las 11 de la mañana, se cruzaron por casualidad. Ella salía de la roulotte del actor tras hacer una limpieza superficial del lugar. Él llegaba corriendo como un caballo desbocado a causa de un fatídico apretón, aunque consiguió frenar in extremis para no arrollarla. La saludó con un “Hey” y su famosa media sonrisa, con hoyuelitos incluidos, para desaparecer ipso facto adentro.

Y claro, un gesto así, en una situación como aquella… Paquita no pudo imaginar un hombre mejor para fecundar a su hijo, a pesar de los monstruosos ruidos que se escuchaban desde el baño de la caravana.

Dicho y hecho. Al día siguiente, Paquita ya tenía su plan a la altura de la CIA, bautizado con las mismas siglas y que respondía al nombre de Condón para Inseminación Artificial. El planteamiento era sencillo. El actor, casado y con niños pequeños, era de pocos escarceos. Por no decir que ninguno. Pero si se lo encontraba en la cama a punto de caramelo… ¿cómo podría decir que no? Eso sí, el acto se consumaría con condón para que Paquita pudiera entrar en cuanto salieran, jeringuilla en mano, a consumar la concepción. Lo bueno es que como frecuentaba tanto la tienda erótica de la ciudad conocía un montón de prostitutas que, en cuanto les contó su idea, se ofrecieron voluntarias. Por ella, claro. Lo de follarse a una superestrella no tenía nada que ver.

Finalmente, eligió a la más delgada con más tetas siguiendo los cánones de Hollywood y la coló en la roulotte después de comer, a sabiendas que el intérprete nunca perdonaba la siesta. Paquita, por su parte, se escondió unos metros más allá con unos prismáticos para no perder detalle de lo que sucediera.

Así fue cómo Ryan Rosling se encontró con una puta de lujo en su cama, condón en boca, dispuesta a todo. Y así fue cómo Ryan Rosling se deshizo de ella, selfi autógrafo incluidos, en menos de cinco minutos.

¡Claro! Pensó Paquita. ¡Tenía todo el sentido del mundo! Y dos días después repitió la misma operación, solo que con un hombre. Y dos días después se llevó el mismo chasco.

¡Pobre Paquita! ¡Estaba tan ilusionada! Pero ya no había tiempo para un plan B. Esa misma tarde estaba citada con la ginecóloga, así que tendría que conformarse con el semen de un investigador becado en el mejor de los casos.

Aún así, volvió a la roulotte a echar un último vistazo, por si encontraba algún condón usado. Por ciencia infusa o generación espontánea. Entonces, la Anunciación disfrazada de Ryan Rosling entró y ocurrió el milagro.

—You!

—¿Yo qué señor Rosling? —Paquita se quedó petrificada igual que si hubiera mirado a las serpientes de Medusa.

—You sexy big mama —el intérprete estaba fuera de sí. —I can’t do this! I’m married!

—Do qué?

—This! —cogió los 100 kilos de Paquita en volandas y la tiró a la cama.

 —¡Espera, espera! ¡No! ¡Para! —joder con los remordimientos, Paquita, ya te podían haber entrado en otro momento. —Que yo… yo… ¡yo baby maker! Careful you!

 —No! You careful! —y se lanzó a por ella.

Ya no hubo más interrupciones. Ni siquiera se notaron los 20 años de inactividad sexual de Paquita. En realidad, ella hizo el papel de estrella y Rosling se encargó de todo lo demás en un estado de excitación máxima. Parece ser que la combinación de mujer entrada en carnes y vestida de uniforme lo volvía loco. Loquísimo. Paquita puede dar fe de ello.

Y con este polvo, y todo el polvo que la rodeó el resto de su vida, Paquita y su retoño nacido 39 semanas y media después fueron felices y comieron perdices.

Publicado la semana 145. 07/10/2019
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