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farrandemora

ASOCIACIÓN SECRETA NORAJO (NO RAPES A LOS JÓVENES)

Al día siguiente del percance con el barbero, extremamos las precauciones para no ser de nuevo descubiertos por éste; continuamos fisgando con mayor discreción y sigilo. Empezamos a utilizar un lenguaje encriptado para referirnos a nuestras actividades de espionaje. Nos imaginábamos que éramos dos agentes de una asociación secreta llamada NORAJO (No Rapes a los Jóvenes). Se nos había encargado la misión de levantar acta de todo lo que acontecía en aquel siniestro lugar. Llevábamos con nosotros una libreta, en cuya tapa delantera habíamos escrito “Top Secret”. En ella apuntábamos todos los detalles: hora en que era “ejecutada” la “víctima”, edad del cliente, descripción del tipo de corte que le metían etc…

El barbero don Valentín se mostraba inclemente con sus clientes; era un torturador nato, un sádico y lo peor de todo, un antiguo.
Una tarde de finales de julio vimos acercarse a la barbería a un chaval de nuestra edad; se trataba de un conocido de Reginín. Se apellidaba Marcos, era medio retard y su padre propietario de una zapatería de modelos ortopédicos. Los demás chicos del barrio se escandalizaban de las esquiladas que lucía el hijo del zapatero y también de sus botas y ropas de ortopedía. Por este motivo había sido apodado como el "zote ortopédico". Un rapado militar te marcaba y humillaba hasta extremos insospechados.

Reginín se acercó a Marcos y le saludó con simpatía. El Ortopédico le dijo que tenía que irse a cortar el pelo; quería hacerlo pronto para poder ver los payasos de la tele a las siete de la tarde. Reginín no pudo vencer su curiosidad y le preguntó por el tipo de corte de pelo que se iba a hacer. Marcos le respondió que su padre ya lo tenía hablado con don Valentín. En verano lo esquilaban muchísimo. A la semana siguiente se iba de vacaciones a un campamento de la OJE y allí no simpatizaban con los melenudos. A mi amigo se le ocurrió un plan. Nosotros dos podríamos asistir a aquel memorable rapado en primera fila, cómodamente sentados, sin correr ningún riesgo. Esto es lo que propuso al hijo del fabricante de ormas ortopédicas:

-¿Te gustaría ver a Fofo a todo color?. Nos acabamos de comprar una tele de 24 pulgadas. Si quieres vamos a mi casa; a estas horas mis padres no están. Puedes telefonear a tu padre desde el salón para pedirle permiso; no creo que se enfade. Ya sabes que mi padre es cliente de vuestra zapatería y fan de la ropa tan austera que vendeis.

Al zote Ortopédico le sedujo la propuesta. Le dijimos que estábamos cansados y que no nos apetecía aguardar de pie. Le propusimos esperarle sentados dentro de la barbería. Nos metimos los tres en aquel bizarro y siniestro local. el zote Marcos saludó a don Valentín y le dijo que éramos amigos suyos. Le pidió permiso para que le esperásemos dentro. El barbero no tenía clientes en aquel momento y nos dio la autorización.

Gracias a la estratagema, conseguimos infiltrarnos en ese antro. El viejo rapador aparentemente no sospechaba nada. De vez en cuando nos miraba con curiosidad; mostró cierta perplejidad ante nuestra inesperada presencia. El hecho de llevar las orejas parcialmente cubiertas por el pelo, ya era motivo de escándalo para un maestro barbero de la vieja escuela. Nos miraba muy raro...

Nos fijamos hasta en los detalles más insignificantes. En nuestra libreta “Top Secret” realizamos una meticulosa descripción tanto del propietario como de su barbería. Don Valentín era un hombre de estatura media, pelo canoso y cortado al rape. Su rostro enjuto nos recordaba al de un asesino; no acostumbraba a sonreír. Sus ojos claros, protegidos por unas gafas de montura cromada con cristaes de cuo de vaso, miraban con frialdad y suspicacia. Vestía con una bata gris, que más que de barbero parecía de ferretero o un funerario.

En la pared izquierda del establecimiento, perfectamente alineadas, se distribuían ocho sillas modelo Thonet, acabadas en nogal oscuro; haciendo juego con el resto del mobiliario había un perchero de pie, también de madera oscura. La mitad inferior de las paredes estaba revestida con unos azulejos biselados en tono gris. La parte superior aparecía pintada del mismo color gris, al igual que el techo. El suelo se encontraba pavimentado con baldosas hidráulicas, de dibujos geométricos grises y blancos. El establecimiento se iluminaba por medio de dos grandes tubos fluorescentes, que daban una luz muy cruda, que afeaba al mas guapo y dejaba ver todos los defectos de la piel.

Nos llamó especialmente la atención el original diseño de un calentador de agua, fabricado en metal cromado; aquel artefacto nos recordó a los alambiques utilizados por las brujas o por los satanistas. Nos imaginamos al viejo preparando sus pociones satánicas con aquel instrumental. Si a un cliente primerizo le aplicaba en la cabeza alguno de sus extraños mejunjes, éste perdía su libertad de decidir por sí mismo; quedaba sometido de por vida a la voluntad del barbero endemoniado. Por ese motivo, el despiadado "cadaver ambulante" tenía una clientela fija que jamás le era infiel. Los pelaba a su gusto, sin pedirles opinión. A todo esto el olor era extremo, se metia en el cerebro como una especie de chute de poppers, que hasta te colocaba. Era una sala de torturas y ese ser un tortutador en toda regla. Muy pronto lo iba a comprobar en mis carnes... o más bien en mi cabeza de tirabuzones rubios de niño de 12 años.

Publicado la semana 6. 10/02/2017
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