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farrandemora

TRIBUTO AL TENIENTE KOJAC (parte2)

Nosotros, de manera atropellada, le explicamos que no nos íbamos a servir, que sólo veníamos de acompañantes. Nos miró de forma inquisitorial y dijo que teníamos muchísima necesidad de un buen corte de pelo. Para salvar el pelo Alpuente dijo no tener absolutamente nada de dinero. Pero el barbero seguía insistiendo:
-No pasa nada. Vosotros me dais el teléfono de vuestras casas y si vuestros padres me autorizan os dejo igual que a vuestro amigo, como tres legionarios. Ahora además parecéis todavía más greñudos en comparación con este chico.
Le dijimos que no era posible, que nuestros padres no nos iban a autorizar a cortarnos el pelo tan corto, que nuestras madres se echarían a llorar. Al final el barbero esbozó una gran sonrisa y nos dijo que algún día caeríamos en sus manos y entonces nos iba a dejar bien pelones. En cuanto las cosas quedaron aclaradas empezamos a sobar la cabeza de Carlos. Las manos de Jesús y las mías se tropezaban acariciando aquella cabeza tan monda y lironda. Caru no paraba de sonreír y exclama constantemente:
-Soy Kojac, soy el teniente Kojac
Salimos corriendo de la barbería, tras despedirnos educadamente del barbero. Todos los días nos acercábamos al establecimiento, nada más salir del colegio y nos hacía gestos para que entrásemos. Carlos llevó con gran dignidad su corte de pelo. En el recreo nos dejó acariciarle la cabeza sin descanso. Su padre estaba orgulloso del espíritu de sacrificio de su hijo y su madre orgullosa de que se hijo quisiera ser de orden como el mismísimo teniente Kojac, una inspiración en esa casa.

Publicado la semana 50. 26/12/2017
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