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farrandemora

TRIBUTO AL TENIENTE KOJAC

Y Caru sonreía, sus ojos oscuros brillaban, daba la sensación de que sus pupilas se habían dilatado de una manera desmesurada por el efecto sorpresa. Jesús y yo no pestañeábamos. A los pocos minutos la cabeza de Carlitos era redonda; la transformación fue brutal. Pero la cosa no quedó ahí. Al poco el barbero cambió la cuchilla por la del cero y empezó a subirle la maquinilla por detrás. Los tres milímetros quedaron reducidos a uno, según nos explicó el viejo barbero. El cuero cabelludo del muchacho se transparentaba por completo, se le clareaba la piel de una manera escandalosa. Caru hizo algún comentario del tipo:
-La maquinilla me hace cosquillas y me da un gustirrinín. Ahora voy a parecerme al teniente Koyac. Bueno seré un mini-Koyac. Lo malo será el cachondeo que se van a traer conmigo los compañeros…
El barbero arengó al muchacho a que se mantuviese firme y se diese a respetar:
-Tú chaval ni caso a esa cuadrilla de degenerados melenudos. La culpa de todo la tienen los padres que consienten estas cosas. Vas a ser el más aseado de la clase. Deberían ponerte sobresaliente en higiene. A nosotros cuando éramos pequeños también nos ponían nota de estas cosas: el pelo bien corto, el pañuelo limpio, los zapatos brillantes…
Al poco tiempo Carlos era como un marine en pequeño, estaba completamente rapado, esquilado como una oveja. La parte superior a tres milímetros y el resto al cero. Por si fuera poco el señor Lucas cambió de nuevo la cuchilla. Nos explicó que le iba a meter un tres ceros en la zona del cuello y patillas, para que el cuello quedase más perfilado; una disminución bien hecha. Con la navaja barbera le terminó de perfilar el cuello, los laterales y las patillas. Tras aplicarle una buena mano de masaje Flöid dio por terminado el trabajo.
-Este chavalote ya está listo. ¡Da gusto verte! Debes acudir con mucha más frecuencia por aquí para mantener el corte, cada quince días o a más tardar un mes. Ahora deberían ponerte sobresaliente en comportamiento. Has demostrado ser muy obediente. ¿Quién es el siguiente?
Nosotros, de manera atropellada, le explicamos que no nos íbamos a servir, que sólo veníamos de acompañantes. Nos miró de forma inquisitorial y dijo que teníamos muchísima necesidad de un buen corte de pelo. Para salvar el pelo Alpuente dijo no tener absolutamente nada de dinero. Pero el barbero seguía insistiendo:
-No pasa nada. Vosotros me dais el teléfono de vuestras casas y si vuestros padres me autorizan os dejo igual que a vuestro amigo, como tres legionarios. Ahora además parecéis todavía más greñudos en comparación con este chico.
Le dijimos que no era posible, que nuestros padres no nos iban a autorizar a cortarnos el pelo tan corto, que nuestras madres se echarían a llorar. Al final el barbero esbozó una gran sonrisa y nos dijo que algún día caeríamos en sus manos y entonces nos iba a dejar bien pelones. En cuanto las cosas quedaron aclaradas empezamos a sobar la cabeza de Carlos. Las manos de Jesús y las mías se tropezaban acariciando aquella cabeza tan monda y lironda. Caru no paraba de sonreír y exclama constantemente:
-Soy Kojac, soy el teniente Kojac
Salimos corriendo de la barbería, tras despedirnos educadamente del barbero. Todos los días nos acercábamos al establecimiento, nada más salir del colegio y nos hacía gestos para que entrásemos. Carlos llevó con gran dignidad su corte de pelo. En el recreo nos dejó acariciarle la cabeza sin descanso. Su padre estaba orgulloso del espíritu de sacrificio de su hijo y su madre orgullosa de que se hijo quisiera ser de orden como el mismísimo teniente Kojac, una inspiración en esa casa.

Publicado la semana 49. 10/12/2017
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