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farrandemora

PLANES PERVERSOS DE PELUQUERIA (parte2)

Nosotros animamos a nuestro amigo a que ocupara el sillón sin más dilación. A pesar de que todavía era un niño Carlos era lo suficientemente alto como para librarse de la humillante banqueta. El barbero le ató al cuello una inmensa capa blanca que le tapaba por completo. Empezó a peinarle y comentó:
-Yo a ti te conozco, jovencito. Hace mucho tiempo que no vienes por aquí. Con estas melenas que lleváis los chicos de ahora los barberos nos vamos a arruinar. Bueno, ¿cómo cortamos este pelo?, ¿bien corto?
Caru sabía perfectamente que aquel señor era dado a cortar mucho el pelo, especialmente a los niños y jóvenes. Los chicos modernos del colegio jamás acudían a esta peluquería. Solían decir que al abuelo aquel se le había parado el reloj hace veinte años y que lo único que sabía hacer era cortar y cortar. Para ellos era un antiguo, un esquilador de ovejas, un pelagatos.
Caru tardó casi un minuto en reaccionar. Se había quedado mudo y sin habla. Pero de pronto arrancó:
-Vengo a cortarme el pelo porque un profesor del colegio me ha dicho que si no me pelo para el lunes me suspende. Es un hueso. Mi padre ha dicho que me lo corte muchísimo, como si estuviera en la legión. Por detrás me tiene que meter la maquinilla del cero y por arriba el uno…
Al viejo barbero se le iluminó el rostro al oír aquellas palabras. Por fin podía hacer un corte de higiene a un chico y no aquellos arreglitos que para él suponían un desprestigio:
-Tú mozo, no te preocupes por nada. Te voy a meter un buen corte de pelo, hijo. Pero vas a quedar mucho mejor de lo que vienes. Así pareces un gitano. No me extraña que ese profesor te obligue a cortártelo. Debería forzar a todos los chicos a pelarse como es debido, pero hoy en día no hay autoridad ni orden y así nos luce el pelo. Cuando yo era chico mi padre me rapaba al cero y en la escuela parecíamos bolas de billar, todos iguales y allí nadie destacaba.
De un cajón forrado de formica marrón sacó una maquinilla negra, tipo Oster 76, no recuerdo exactamente la marca. Le cambió la cuchilla y la encendió. Emitía un sonido muy agudo. Alpuente y yo nos quedamos boquiabiertos. Nuestro amigo ya no tenía escapatoria. Empezó a pasársela por delante y el cabello rebelde de nuestro amigo fue arrastrado en forma de grandes mechones y tirado al suelo. El barbero, que era poco hablador, sin embargo hizo comentarios al respecto:
-Así te va a quedar por delante, sólo a tres milímetros de largo, no te vas a tener que peinar durante más de un mes. Te estoy pasando la maquinilla del uno por arriba, no se te olvide explicárselo a tu padre. Yo sigo instrucciones. Bien rapadito, sí señor…

Publicado la semana 47. 04/12/2017
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