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farrandemora

ERECTO Y EL PELO AL RAPE (parte 1)

Años más tarde en mi incoporación a la mili, nuevas escenas de barbería pervert me iban a ocurrir, ya de manera explícita. El día de ingresar nos llevaron a la barbería del cuartel y en diez minutos todos tendríamos el pelo al rape
- ¡Los siguientes! Levantad el culo y sentaros en los sillones.
Con este autoritarismo se dirigió a nosotros el teniente Moreno. Yo, ya tenía una pierna derecha adelantada para echar a correr donde estaba la silla. Fui el primero en llegar al sillón. El joven barbero me miró y me susurró al oído:
- Despídete de tu pelo.
Me colocó una capa blanca de nailon, y me la ató con una cinta. Tuvo el detalle de peinarme hacia atrás para eliminar la carga eléctrica y evitar posibles tirones. Miré para el frente y en el espejo vi reflejado el rostro sonriente del teniente Moreno quien me preguntó:
- ¿Tú eres el hijo de Don Moncho, verdad? Dentro de diez minutos, con el pelo al rape, no te va a conocer ni tu padre. Ya te tengo localizado.
Luego se dirigió al barbero y le explicó cómo debía cortarme el pelo:
- Hazle un buen trabajo, le pasas la maquinilla del cero por detrás del cuello para que así le quede un cogote elegante, ¿entendido? Remátale bien las patillas, con la maquinilla del cero y la navaja. Vamos bien de tiempo. Para correr y hacer las cosas mal ya tenemos a Charnego, el aprendiz.
Puntualizó:
- A ti te va a rapar un maestro barbero, ¡esto es categoría, chaval!
Mientras elogiaba al maestro, le agarraba del brazo de forma amigable. El teniente quería demostrar que también sabía ser campechano con sus subordinados cuando estos cumplían debidamente con sus obligaciones.
Y el oficial de barbero cogió la maquinilla, le paso el cepillo para eliminar los pelillos que habían quedado pegados en la cuchilla, conectó el interruptor y comenzó a escucharse un zumbido amenazador, semejante al emitido por millones de abejas, dispuestas a clavar su cruel aguijón. Levanté la mirada y vi aproximarse aquel artefacto negro, con la cuchilla desplazándose a gran velocidad. Había llegado el momento. Me encontraba tremendamente excitado. La pierna derecha la tenía encima de la izquierda, me la acariciaba constantemente con la mano derecha, me agradaba la textura de aquellos calcetines negros de canalé, los pelillos de mis piernas sobresalían entre el entramado de la hilatura. Menos mal que la capa me cubría los calzoncillos porque en ese momento mi miembro viril había abandonado la bragueta y emergía erecto y descomunal. Estas capas habían sido fabricadas en un material casi transparente, por lo que me arriesgaba a que el barbero notase mi estado de excitación. Opté por sujetarme el pito con la mano, para tenerlo bajo control. Mi fetiche de la niñez ya estaba fuera de control...

Publicado la semana 43. 29/10/2017
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