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CASTIGO EJEMPLARIZANTE A UN HIJO DE SATANAS

Uno de los tragos más amargos estaba a punto de llegar para el grupo de estudiantes. Se les iba a cambiar la imagen de forma radical. El Padre Augusto recurrió a un lenguaje sarcástico, con mucha pluma, para hacerles saber que les iban a cortar el pelo:

-Bien señoritas, es hora de que acudan a la peluquería para que podamos cuidar y tratar su precioso cabello. ¡A la barbería, niñatos!

De nuevo caminaron en formación por el angosto pasillo. Pararon al encontrarse frente a una puerta en que aparecía el rótulo con la temida palabra: BARBERÍA. Gallastegui se quedó pálido y empezó a sollozar. Se le acercó el Padre Roberto y le ordenó que se comportara como un hombre y que dejase de escandalizar. Le dejó bien claro que no le iba a servir de nada montar el numerito. Él sería el primero en caer en manos del maestro barbero.
La barbería era un garito de unos quince metros cuadrados. A lo largo de sus paredes se distribuían diez sillas de madera. Uno de los laterales estaba ocupado por un gran espejo biselado, frente al cual había otro de menores dimensiones y ligeramente inclinado que permitía a los chicos contemplar como les cortaban el pelo por detrás. La estancia estaba presidida por el tradicional sillón de barbero con posapiés metálico ricamente labrado, respaldo y asiento de rejilla y brazos de porcelana blanca. El instrumental del barbero se distribuía ordenadamente en dos estanterías laterales acopladas a la pared con baldas de cristal y estructura metálica.

Gallastegui tenía el rostro desencajado. Vio como le anudaban la capa blanca al cuello. El barbero era un militar retirado, de pelo engominado y muy corto por detrás. Le delataba aquel bigotito estrecho y recortado tradicional en los hombres de armas, al estilo Hitler que tanto admiraba mi padre. Primeramente peinó al joven con cuidado, tal vez para eliminar la carga electrostática, y acto seguido le preguntó al director:

-Don Agustín, ¿alguna instrucción específica para cortar las greñas rojas a este joven?
Y el padre director contestó con gran firmeza:

-Este caballerete ha sido el que se ha intentado escapar del centro. Creo que hasta Satanás le ha poseido. Debe recibir un castigo ejemplarizante. Si pasamos por alto las faltas graves de indisciplina estamos perdidos. A Judas siempre se le representa en los cuadros piadosos como pelirrojo. Habrá pelirrojos buenos, no lo dudo, pero yo no he conocido a ninguno. Son diabólicos. No quiero ver más ese pelo rojo maldito de este hijo de sataás. Le va a cortar el pelo al cero. Sin ningún tipo de miramientos.

Publicado la semana 39. 01/10/2017
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