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farrandemora

DE CABEZA AL INTERNADO

Tras unos años llenos de humillaciones, mi padre me tenía la sopresa de meterme en un estricto internado de curas. Ys empezaba la pubertad y me queria atar en corto... ya intuía algunas de mis inclinaciones, parecidas a las suyas, y trataba por todos los medio de que me convirtiera en su calco.
Mi padre no lograba “hacer carrera”. Desde que empezé a salir con mi pandilla de (para el) insufribles niños progres, me instalé permanentemente en el fracaso escolar. A partir de segundo de BUP mis libros de texto comenzaron a empolvarse y me convirtí en un adicto de las discotecas de moda, acudiendo a ellas todos los fines de semana, regresando a casa de madrugada y en muchas ocasiones borracho. El más absoluto desorden reinaba en mi vida. Mi imagen exterior era fiel reflejo del caos interior; vestía cazadoras vaqueras desgastadas, pantalones perdidos de color, llevaba pelo largo, pendientes en las orejas e incluso amenazó con tatuarse el brazo. Todo lo que mi padre odiaba desde lo más profundo.
Sin embargo mi padre no tiró la toalla. No se resignaba a que fuera un fracasado, un deshecho de la sociedad. Un sábado, a las siete de la mañana, recibió una llamada de la comisaría de policía para comunicarle que su hijo se encontraba detenido por participar en una reyerta. Aquello fue la gota que colmó el vaso. hecho una hifra, decidió buscar una solución antes de que el problema se le escapase de las manos. Quería creer que en el fondo su hijo era un buen chico, una víctima más del ambiente de corrupción en que se desarrollaba la vida de muchos jóvenes de la gran ciudad en la Movida madrileña.
Aquella misma mañana de sábado, mientras pasaba con desgana las páginas del diario ABC, le llamó la atención una hoja publicitaria sobre un internado para muchachos. Se trataba de un centro de enseñanza nuevo regentado por los hermanos irlandeses. Investigó a fondo el tema y recopiló información sobre aquel lugar. Al final decidió mandarme allí.

-Hijo mío, vamos a dejar las cosas muy claras. En el colegio de los maristas no te van a permitir repetir curso. El director me ha escrito una carta en la que se me comunica tu expulsión. La opción que te queda es incorporarte como voluntario a filas y quitarte la mili de encima. Allí te domarán, te lo aseguro. Por lo menos te cortarán el pelo como a un hombre. Pero también tienes otra salida; te voy a dar una última oportunidad. Puedes ingresar en un internado nuevo, el de San Patricio. Allí recibirás parte de la enseñanza en inglés y vivirás en un estricto régimen disciplinario. Es un internado exclusivo para varones y ninguna mujer tiene acceso al centro. Tú eliges.

Yo aborrecía en esa época (luego lo idolatré) todo lo relacionado con la vida militar. Si algo me agobiaba era imaginarme a mi mismo vestido de caqui, marcando el paso y recibiendo órdenes absurdas de un gilipollas de sargento como lo era mi primo Vicente. En los irlandeses aprendería inglés y esto me permitiría introducirme en los ambientes más modernos e innovadores. Acepté a regañadientes ingresar interno.

El internado masculino San Patricio se había instalado en un antiguo acuartelamiento ubicado en una zona marginal de la ciudad. La orden no reparó en gastos para transformar aquel edificio ruinoso en un lugar idóneo para educar a jóvenes. La fachada exterior, catalogada como monumento histórico artístico, fue respetada. Se trataba de un magnífico ejemplo del neo-mudéjar madrileño de principios del siglo XX. Aquellos muros de ladrillo sin embargo me desagradaron. Asocié mentalmente este estilo arquitectónico historicista y brutalista con la imagen de las prisiones de alta seguridad como la de Carabanchel o Yeserias. Ingresé en él la tarde del uno de septiembre. Cuando atravesé la verja de la entrada en el reloj de la torre marcaban las seis. Preferí acudir en taxi para evitarse el mal trago de tener que despedirme de mi padre. El gran recibidor estaba presido por una monumental imagen de San Patricio en piedra; se trataba de la copia de un original antiguo por el que los hermanos irlandeses sentían especial veneración. Ah, el internado pertenecia a una de las ramas más estrictas y conservadoras del Opus Dei...

Publicado la semana 35. 29/09/2017
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