34
farrandemora

MAS ESCENAS PERVERT EN LA BARBERIA

Don Benito, el "mercero pervert" acarició a contrapelo mis milimétricos cabellos y me guiñó un ojo. Le explicó a mi padre que quería para sus hijos un rapado igual al mío. Al verme a mí tan peladito, le entraron repentinamente ganas de que sus hijos visitasen la barbería aquella misma mañana de sábado.Pero como tenía que atender el negocio y no podía acompañarlos, le comentó a mi padre que le gustaría estar allí presente para dar las instrucciones precisas. Tenía miedo de que sus hijos frenaran al barbero a la hora de “meterles la maquinilla bien metida”.

Floro y Toñin aparentaban ser unos muchachos obedientes y sumisos, ¡por la cuenta que les tenía! Sin embargo, a su padre le daba la sensación de que tenían más picardía y malicia de lo que parecía a simple vista. Papá tenía libre aquella mañana de sábado y se ofreció a acompañarlos a la peluquería; yo serviría de modelo para que los esquilaran de la misma forma. El mercero se lo agradeció y aceptó su propuesta. Nos obsequió con dos cajas de calcetines Ejecutivo, una para mi padre y otra para mí.

El sábado por la mañana la barbería de Don Valentín solía estar atestada de clientes. Al entrar en el local me llevé una gran sorpresa; la mayoría de los que esperaban para ser atendidos eran jóvenes escolares. Algunos estaban acompañados por sus padres. El barbero inclemente no paraba de usar sus maquinillas; trabajaba a gran velocidad porque la labor le apremiaba. Allí estaban sentados mi amigo y su padre. El barbero al que solía acudir, había cerrado el local por motivos de salud; estaba aquejado de un cólico nefrítico. Se sorprendió del brutal rapado que me habían metido. Recuerdo sus palabras mientras me acariciaba la cabeza:

-Te han dejado casi calvo, madre mía. La cocorota te raspa que es una gloria; da gusto tocártela. A mí me lo van a poner exactamente igual que a ti. Mi padre me ha acompañado para controlar todo el proceso.

El padre se dirigió al hijo:

- Tu amigo predica con el ejemplo. Se me caería la cara de vergüenza si te expulsan del colegio por tener miseria. Ya sabes lo que te espera. Fíjate que a todos los chavales el barbero los rapa de la misma manera. ¡Se acabó para siempre la tontería del pelo largo!.

Clemente le cortó el pelo de una manera más rápida; no se entretuvo tanto con él como lo había hecho conmigo la tarde anterior. Sin embargo, técnicamente hablando, el resultado fue perfecto. Cuando el barbero inclemente cogía carrerilla no había quien le detuviera. A los gemelos los rapó del mismo modo. Los aprendices de hippies habíamos perdido definitivamente la guerra aquella mañana.
El padre, al enterarse de que su hijo había sido un espía de barbería, le abroncó en público. El pelado brutal debía servirle de penitencia por su mala educación. Sí, le ordenó a Don valentín que le afeitara la cabeza con chuchilla y espuma. Secretamente me dio envidia.

El lunes por la mañana muchos de mis compañeros acudieron a clase con el pelo cortado. Reginín y yo éramos los más esquilados de todos. Los otros chicos se empujaban unos a otros; querían acariciar nuestras cabezas mondas y lirondas. En nuestro curso no se dio ningún caso de pediculosis. Los piojos no podían anidar en nuestros rapados cráneos porque se morirían de frío. Estabamos brutalmente esquilados cual expósitos y eso nos gustaba. Eramos felices así como dos skinhedas.

Publicado la semana 34. 28/08/2017
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
34
Ranking
0 241 0