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ESCENAS PERVERT CON EL MERCERO


A la mañana siguiente mi padre y yo acudimos a la mercería de Fontecha y Cano. Los gemelos se encontraban detrás del mostrador. Guardaban la compostura, permanecían de pie, dispuestos a cumplir con presteza cualquier orden que recibiesen. Observé que desde el sábado pasado les había crecido el cabello aproximadamente medio centímetro. Al haber trascurrido una semana desde su última visita a la barbería, sus cortes de pelo habían perdido el rigor. Me sentí como si fuera un recluta recién esquilado frente a dos soldados veteranos.

El mercero, Don Benito, con un iquietante brillo en sus ojos, aprovechó la ocasión para ofrecernos un producto que acababa de recibir. Era un auténtico experto alabando las bondades de sus mercancías:

- Don Moncho, la semana pasada nos han enviado un artículo nuevo, una prenda verdaderamente revolucionaria. No me ha resultado fácil conseguirla, porque la mayor parte de la producción la destinan a los grandes almacenes. Se trata del slip Woom. Son unos calzoncillos que se adaptan de maravilla al cuerpo, como si fueran una segunda piel. Floro, Toñin, traedme las cajas de los slip Woom de color blanco y marino, en las tallas pequeña y grande… Permítame que se los muestre.

Mi padre no supo negarse a los requerimientos de uno de sus mejores clientes. Estos calzoncillos se vendían en unas cajas rectangulares de plástico rígido transparente. En el interior de las mismas se incluía la fotografía de la zona pélvica de un caballero. De esta manera el cliente podía comprobar lo bien que sentaba esta prenda interior masculina. Don Andrés nos enseñó uno de los slip, en color blanco:

-Don Moncho, ante usted tiene unos calzoncillos diferentes, que sin duda van a revolucionar el mercado de la ropa interior masculina. Son los ideales para usar cuando se practica deporte. Carecen de bragueta y se adaptan al cuerpo sin oprimirlo. Se pueden utilizar como bañadores; hay que ser todo un experto para saber que se trata de un slip. El tejido, al ser tan fino, se seca con gran rapidez; a los bañadores tradicionales les cuesta mucho más, porque los fabrican con una tela más gruesa. Los he traído en blanco, color que se asocia con la higiene, y en marino, que son más sufridos. A simple vista parecen pequeños; sin embargo, en cuanto se prueban se estirarán todo lo que sea necesario, su elasticidad es perfecta…

Papá sucumbió ante la verborrea de aquel vendedor nato; compró ocho slip Woom: dos blancos y dos azules para cada uno de nosotros. De nuevo serví de conejillo de indias; el mercero quería saber cuál era la talla adecuada. Tuve que dirigirme al probador y ponerme aquellos calzoncillos. Según me los iba subiendo notaba que se estiraban. La licra con que habían sido fabricados se adaptó perfectamente a mis contornos pélvicos. El mercero, con esos ojos que se le salían de las órbitas, me pidió que me quitara la camiseta y me quedé tan sólo con los calcetines altos de Ejecutivo y los slip Woom. Mi padre dio su aprobación; la talla pequeña me quedaba perfecta. Los gemelos me observaban desde el rellano de la puerta del probador; sonreían maliciosamente. De nuevo volvía a ser yo el humillado. El mercero se percató de que sus hijos intentaban abochornarme y tomó cartas en el asunto:

-Manolito y Santi, quiero que a partir de este momento seáis amigos de este muchacho, como lo somos su padre y yo. Si a don Francisco le parece bien, me gustaría que los tres chavales salieran juntos los fines de semana. Quiero saber con que tipo de chicos se relacionan mis hijos; hay que apartarlos de las malas compañías. El otro día, en la plaza de Lavapiés, vi a unos gamberros que no tendrían más allá de catorce años. Estaban fumando y cada paso soltaban tacos, para hacerse los hombrecitos. Insultaban a las chicas jóvenes que pasaban, les decían todo tipo de groserías. De buena gana hubiera llamado a los guardias para que se los llevaran detenidos…

También se refirió a mi corte de pelo, esta vez con los ojos más saltones que nunca:

-Veo, don Moncho, que por fin ha llevado a su hijo a donde Valentín. El corte de pelo que le ha metido es impecable, lo que nosotros llamábamos un pelado de higiene y desinfección. Otra vez aparece en el Diario una noticia sobre la pediculosis; la infección se extiende como una mancha de aceite. La mejor manera de detenerla es pelar a los chicos con rigor y de manera habitual. Da gusto ver así a este chaval… Niños, tomad buena nota de ello.

Publicado la semana 33. 28/08/2017
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