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farrandemora

LA CABEZA LIMPIA (parte2)


Cuando consideró que su trabajo había finalizado, descolgó de la pared un espejo con el marco cromado y me mostró lo que él denominó “ la obra maestra de un oficial de barbería”. Lo movía a mi alrededor, buscando diferentes ángulos de visión, para que comprobase lo bien que me había quedado “aquel arreglito”.

Yo era incapaz de articular palabra; ¡aquello no podía haberme sucedido a mí! En la zona trasera de mi cráneo y en los laterales apenas quedaba una sombra de pelo; ¡se me veían hasta las ideas! En la parte superior los cabellos tenían una longitud milimétrica. Yo también me sobé aquella cabeza lampiña. Sentí un enfermizo placer al acariciar mis cabellos milimétricos, que pinchaban como alfileres.

Me despojó de la capa y la sacudió violentamente contra el suelo. En el espejo de cuerpo entero vi reflejada la imagen de un muchacho de doce años que había sido rapado de manera cruel; tan sólo iba vestido con una camiseta, el braslip y los calcetines que le llegaban hasta la rodilla. Me costó reconocerme a mi mismo; aquel chaval no podía ser yo. Sin duda había sido víctima de un severo y humillante correctivo.

Mi padre para animarme me acariciaba la cabeza a contrapelo. Sonreía y me agarraba cariñosamente de la oreja. Me pidió que me pusiera la ropa, no sin antes obsequiarme con un azote en el culo. Obedecí en silencio. Me retoqué la ropa interior y los calcetines; después me vestí con esmero. Papá pagó a Don Valentín, añadiendo una generosa propina a sus honorarios. Se deshizo en elogios a la hora de despedirse del barbero:

-Es usted un profesional de gran valía. Se ve que está enamorado de su trabajo. Yo, como soy socio del Círculo Mercantil, acudo desde tiempo inmemorial a la barbería que tienen allí instalada. Sin embargo, a mi hijo le ha cortado el pelo como si usted estuviera participando en un campeonato de peluquería. Me lo ha dejado mucho más pelado que lo que yo tenía en mente, le voy a ser sincero, aunque estoy encantado con el resultado.

Don Valentín me besó cariñosamente,apestado a sudor y Floid... cosa que me dió entre asco y morbo, y añadió:

-Jovencito, te quiero ver pronto por aquí. Para evitar tener parásitos capilares lo mejor es llevar el pelo así de corto. Ya verás lo a gusto que vas a estar. No perderás el tiempo en peinarte. Para hacer deporte, para ducharte este pelado es lo más cómodo que existe. Los melenudos de tu clase son unas nenazas y unos guarros.

Abandonamos la barbería.El callejón de los Novicios se me antojó más sombrío que nunca. Sentí en mi cabeza el viento gélido. Le comenté a mi padre que tenía frío. Solucionó el problema masajeándome el cráneo; con su mano me proporcionó el calor deseado. Llegamos a casa. Cené y vimos la televisión. No podía parar de tocarme aquellos cabellos milimétricos. Cuando mi padre me lo ordenó me acosté. Al poco apareció en mi habitación para darme las buenas noches. Me abrazó con fuerza y me besó cariñosamente, mientras me sobaba la cocorota. La funda de la almohada tocaba directamente mi cuero cabelludo. Mi cabeza parecía de terciopelo, raspaba como si en vez de piel tuviera papel de lija. Me excité y mi padre creo que también... como otras situaciones del pasado ocurridas. El sueño me venció
Cosas que pasan entre padre e hijo y que son muy privadas.

Publicado la semana 32. 14/08/2017
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