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farrandemora

HUMILLADO UNA VEZ MAS (parte 2)

Yo no podía creer lo que estaba oyendo. Me iban a dejar más rapado que aquel recluta americano de la película bélica que tanto me impactó. Por culpa o gracias al Diario Regional iba a hacer realidad uno de mis deseos más ocultos. El lunes tendría que enfrentarme a las burlas, o cuanto menos al asombro de mis compañeros. Sin embargo decidí olvidarme de las consecuencias y disfrutar del momento. Mi padre me miraba de forma compasiva. Su idea inicial era que me cortara el pelo muy corto pero sin raparlo de manera extrema. Sin embargo, el ambiente que se respiraba en aquella vieja barbería le había hecho cambiar de opinión. Con suavidad agarró mi abundante flequillo y exclamó:

-Proceda como usted lo considere oportuno. Le dejo a mi hijo en sus manos…

El barbero sonreía con malicia y me miraba con un aire de superioridad. Abrió uno de los armarios y sacó una capa blanca, perfectamente plegada. Mi padre le pidió que tuviera cuidado para no llenarme de pelillos:

-Por favor, dóblele el cuello del polo. A mi hijo le hacía ilusión ponerse la ropa nueva para venir aquí. Intente no manchársela.

Clemente lo tranquilizó, convenciéndole de que no corría ningún riesgo:

-No se preocupe por nada. Le voy meter hacia adentro el cuello del niqui para que no se le ensucie. Al final le daré un buen cepillado para eliminar los pelillos incrustados en la ropa. Aunque se me está ocurriendo una idea mejor. Voy a cerrar la peluquería, no voy a coger a nadie más; vamos a estar los tres a solas. Cuando hice la mili, a todos los reclutas nos dejaban en paños menores. El pelado al doble cero se hacía siempre en calzoncillos. Si a usted no le parece mal…

Mi padre se sorprendió con la propuesta que había hecho el barbero. Estuvo dubitativo. Pero no se cerró en banda:

-¿Usted cree que es necesario?. Tal vez el muchacho se enfríe. Desde luego ha sido una idea descabellada venir a cortarse el pelo con la ropa que tiene reservada para los domingos. Por mucho que la sacuda siempre van a quedar pelillos…

Al barbero se le iluminó el rostro. Iba a dar otra vuelta de tuerca en su máquina de tortura; la copa de sus maldades aún no estaba colmada; si me obligaban a quedarme en ropa interior la humillación sería completa:

-A mí me parece que un chaval de esta edad no tiene que tener tantos remilgos. Yo he rapado a muchos hombres en calzoncillos, durante el tiempo que estuve en la barbería de tropa. Era ingresar en el cuartel y quedarte en paños menores. Por lo del frío no se preocupe; voy a poner la estufa catalítica a la máxima temperatura. La acercaremos al sillón. Además de los piojos de la cabeza hay otros todavía peores: los del cuerpo. Comprobaremos si este muchacho tiene pelambrera. De ser así convendría rasurarle. Parece que está ya muy desarrollado. le dejaremos limpio también en sus partes...

Publicado la semana 28. 17/07/2017
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No ficción
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