23
farrandemora

ATADO Y ESQUILADO (parte 2)

El chico agachó la cabeza en señal de sumisión. Tal vez quería desconectar de la realidad, evadirse mentalmente de lo que se le venía encima. Valentín sacó del armario una capa de algodón, doblada con esmero y de un blanco radiante; al desplegarla en el aire adquirió una forma fantasmagórica. Se la anudó al cuello con fuerza y le colocó un paño, también blanco, en la zona trasera. Después comenzó a peinarle. Don Pascual le sujetaba la barbilla al muchacho para facilitar la labor del barbero. Hilario no quería ver su rostro reflejado en el espejo; tenía la mirada perdida y fija en un punto. El esquilador le pasaba el peine una y otra vez, para alisarle el cabello. Aquel tenso silencio era el preludio de una tragedia. El barbero, con voz potente, preguntó al padre del chico:

-¿Cómo le cortamos el pelo a este mozo tan moderno?; ¿le hacemos un buen pelao de hombre, don Pascual?

El padre de Hilario no cabía de gozo; se regodeaba al saber que tenía la situación bajo control. Aquel corte de pelo iba a tener unas claras connotaciones punitivas. Debía mostrarse inflexible; si cedía lo más mínimo, su hijo podría interpretarlo como una señal de debilidad. Extendió la mano y sujetó con fuerza el flequillo del chaval. Mientras daba las instrucciones, le brillaban los ojos y sonreía con sarcasmo:

-Le va a rsquilar el pelo… ¡al cero!, sin más contemplaciones. Métale la maquinilla por toda la cabeza, pero bien pasada, hasta que le quede el pelo completamente al ras. Como nos decían en la mili: ¡qué le resbalen las moscas! No quieres taza, pues taza y media. A mí este mequetrefe jamás me va a volver a faltar al respeto. Y luegprdpuma u cuchilla.

Valentín el Esquilador se encontraba en su salsa. Echó mano de una maquinilla manual, de las de púas más estrechas; la aceitó cuidadosamente y la movió en el aire. Se la mostró a don Pascual y éste le dio el visto bueno. El peluquero le levantó la cabeza al pobre muchacho, pero éste se negaba a mantenerla erguida; permanecía en un estado casi catatónico. De nuevo don Pascual se la sujeto de manera enérgica, como quien exhibiese un trofeo cinegético. El chico cerró los ojos para no ser testigo de aquella infamia. Su cabeza iba ser na boña de billar. Humillado y castigado esos sádicos se frotaron las manos Incluido mi padre...

Publicado la semana 23. 12/06/2017
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
23
Ranking
0 249 0