16
farrandemora

ACICALAMIENTOS PLACENTEROS Y PERVERSOS

Papá, me propinó un cariñoso azote en culo, para que obedeciese sus órdenes con mayor diligencia. Rápidamente fui a mi habitación para cambiar mi ropa de casa por la de la calle. Aquel día prometía ser especial. Decidí mudarme de ropa interior, la que llevaba estaba algo sudada. Estrené un juego de braslip y camiseta en punto calado, de la marca Hedea, y un par de calcetines Ejecutivo grises.

La camisa que había llevado por la mañana al colegio tenía el cuello algo sobado; por este motivo decidí sustituirla por un polo blanco de espuma, que se ceñía a mi cuerpo y dejaba transparentar la camiseta de tirantes calada. También me cambié de pantalones; saqué del armario unos en gris oscuro con la raya muy marcada. En cuanto al jersey se refiere, escogí uno azul marino, de hechura clásica y con el cuello de pico. Finalmente me calcé unos zapatos negros mocasines y me presenté ante mi padre. Éste se asombró al verme así vestido y opinó sobre el tema:

-Veo que te has puesto de tiros largos; ¿celebráis algo en el colegio?

Me miró con esos oos de loco excitado como en éxtasis al verme así. Yo le respondí para provocarle... había aprendido a jugar a sus pequeños y sutiles juegos pervert.

-Papá, como tenemos que ir a la peluquería los dos juntos no quiero que te avergüences de mí delante don Valentín. Por eso me he vestido con la mejor ropa que tengo. Todo lo mejor que me comoraste en la merceria de don Floro. Me he puesto de tiros largos a tu gusto.

Mi padre aceptó mis explicaciones, excitado al máximo:

-Me parece bien que te preocupes por tu apariencia; eso es señal de que te respetas a ti mismo. Hoy da gusto verte. Lo malo es que en la barbería te van a llenar de pelillos el polo blanco. Le diré a don Valentín que te ajuste bien la capa para que no te manches, o mejor, que te sientes en la silla en paños menores, con camiseta de tirantes, braslip y tus ejecutivos. Vente al baño para que te eche una buena cantidad de colonia. Además quiero que te peines esos pelos largos y esos rebeldes remolinos. A partir de esta tarde ya no tendrás que usar el peine y no perderemos el tiempo con acicalamientos innecesarios, propios de la hembra. Ya sabes que arreglarse es cosa de mujeres.

Desprendíamos ese aroma amaderado y rancio de la colonia Agua Brava, un tufo extremo que mareaba a la gente pero que a nosotros no olía a gloria. También nos aplicamos una buena dosis de loción capilar Flöid . Me peinó con raya a un lado y me dejó el pelo aplastado, como si quisiera disimular la largura del mismo. En realidad me adaba miedo perder todo ese pelo... pero si era para comlacer a mi progenitor, como si me afeitaban la cabeza. Era todo para mi bien y no parecer un hippy mugriento.

Como bien dice el refrán “quien ríe el último, ríe mejor”. Al final yo iba a ser una víctima más del despiadado barbero Clemente. Lo que había comenzado como un juego se había convertido en una sentencia de muerte para mi pelo. En aquel momento me vinieron a la memoria una serie de imágenes fugaces, como si fueran ráfagas de luz imposibles de atrapar. Recordé los brutales pelados que el viejo oficial de peluquería había metido a varios soldados, a decenas de señores mayores, a aquel caballero rubio cuya cabeza brillaba como el oro. No me podía olvidar de la humillante esquilada del "zote ortopédico". La imagen de los gemelos con las cabezas idénticas, casi transparentes, la tenía muy presente.
El ansiado día de estar a merced de ese viejo esquilador habia llegado. La excitación era brutal, y encima con mi padre dando órdenes y asegurándose de una buena humillación un avez sentado en esa terrorífica barbería facha.

Publicado la semana 16. 23/04/2017
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
16
Ranking
0 258 0