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farrandemora

DE NIÑO A MUJER (parte 1)

De repente dejó de hablar de su extraño pasado militar y volvió al presente:

-En la barbería no debes angustiarte. Lo peor que te puede pasar es que te metan un pelado al rape, todo a maquinilla. Estoy seguro de que te quedaría muy bien, parecerías hasta más macho. Tú y yo somos afortunados al tener la cabeza bien redondita, de forma esférica. Además tampoco te veo cicatrices en el cuero cabelludo. Tus orejas son pequeñas y bien formadas; a los chavales que tienen soplillos y a los de cráneo apepinado, estilo zeppelín, estos cortes de pelo les sientan peor que una patada en el culo.

Mientras me decía estas cosas me agarraba el pelo de atrás, dándome pequeños tirones y sobándome más de lo acpstimbrado. De vez en cuando me guiñaba un ojo, en señal de complicidad.

Le pregunté cómo debía pedirle a don Valentín que me cortara el pelo:

-Hombre, hijo, dile que te lo corte al estilo de esos niños de hospicio, sobre todo de atrás muy esquilado; el cuello y las patillas bien apurados, eh. De arriba nada de flequillos, que no se pueda peinar. Con la tijera al ras. Se trata de dar imagen de limpieza y aseo.

Le insinué que fuéramos juntos a la peluquería. La mayoría de los barberos no solían tener en cuenta la opinión de los chicos de mi edad:

-Papá, muchas veces le he dicho al peluquero unisex que me corte el pelo bien cortito, siguiendo tus instrucciones. El peluquero me responde que es mejor ser prudente; que si me lo corta más de la cuenta la cosa ya no tiene remedio, que no se pueden hacer añadidos. Cuando termina de pelarme me da apuro decirle que lo quiero más corto. Siempre hay muchos clientes esperando. Luego, cuando llego a casa, tú te enfadas conmigo, porque dices que me lo han dejado igual que antes. Piensas que te he desobedecido.

Mi padre volvió a despotricar de aquel peluquero:

-Te he dicho mil veces que ese sodomita de la peluqueria unisex no es más que un farsante. No tiene ni idea de lo que es un buen corte de pelo; sólo hace arreglitos, que son pan para hoy y hambre para mañana. No sabe lo que es una disminución de cuello bien subida, ni perfilar las patillas. Tengo entendido que no afeita, porque considera que el rasurado es algo muy personal e íntimo; seguro que si coge una navaja barbera le tiembla hasta el pulso. El es para mujeres o para los de su gremio rosa...

Mi padre continuó analizando la situación:

-Como estoy tan ocupado no puedo dedicarte todo el tiempo que me gustaría. Tú siempre has preferido esa peluquería tan moderna a las barberías de toda la vida. Como esta cerca de casa y no me gusta que andes solo cuando anochece, he accedido a tus deseos. Pero hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora quiero que te corten el pelo de verdad. Vas a ir con mucha más frecuencia a la barbería y salir de allí bien pelado como a mi me gusta. Espero que la noticia que acabas de leer en el periódico te haga reflexionar.

Por unos instantes los dos guardamos silencio. Mi padre no paraba de darle vueltas al tema, intentaba buscar una solución:

-Hoy tengo reunión en la funeraria y no sé si podré acompañarte. Calla, calla… ahora me acuerdo que la han pasado a la semana que viene, que las nuevas cajas d epino s ehan retrasado. Así que no hay ningún problema; esta tarde, sin falta, te paso a recoger a la salida del colegio. Si tardo un poco me esperas en la puerta; ¿has comprendido? No es necesario que lleves dinero al colegio, a lo peor lo pierdes o te lo roban. Ahora vete vistiéndote para ir a clase, no seas perezoso. Y ya sabes lo que te espera. despídete de esos bucles dorados... te van a hacer hombre esta tarde. Recuerda las sabias palabras de tu abuelo: el hombre va rapado,y la mujer con pelo y maquillada. Y ten presente el club "especial" al que iba con el abuelo, para hacer homenaje a la mujer, vestidos como ellas, pero siendo hombres machos. Tras tu rapado, te espera otra sorpresa que te va a gustar también.

Sin duda se refería a ese club de crossdressing del que mi padre y abuelo eran numerarios... Intentaban ser discretos pero yo les veía un viernes al mes vestidos y maquillados como puertas con la ropa de mi madre y otros modelazos que compraban en las mejores boutiques de Madrid. No podía creer que en breve dos de mis placeres culpables se iban a hacer realidad. Un rapado de hospicio de la mano del cadaver ambulante don Valentín, y mi iniciación al travestismo. Y todo con la aprobación y complacencia de mi amado progenitor. Un cambio de niño a hombre, o más bien de "niño a mujer" como decia la canción de otro de los ídolos de mi padre, el afamado y admirado en nuestra casa Julio Iglesias.
 

Publicado la semana 15. 23/04/2017
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