12
farrandemora

DESPARASITACION OBLIGATORIA A VAGOS Y MALEANTES

-A la peluquería esa unisex no vas a volver nunca más. Tiene unos precios abusivos y sales prácticamente igual que como has entrado; te pega cuatro tijeretazos y a la calle. Un corte de pelo debe notarse y durarte al menos veinte días. En cuanto me descuido, sin haberle dicho yo nada, te lava la cabeza con un champú contra la seborrea, la caspa y no sé cuantas cosas más. Tampoco me pide permiso para aplicarte esa ampolla vitamínica, el crece-pelo mágico que no sirve para nada. Sólo le interesa sacarle los cuartos al cliente. No es mis estilo ese...

Mi padre me tenía reservada una sorpresa para el final:

-Por cierto, he leído en El Alcazar un artículo que te puede interesar. Al parecer en algunos colegios de esta zona han encontrado a chicos con piojos. Las autoridades sanitarias van a cortar por lo sano; los van a rapar a todos al cero, sin piedad. Léelo aquí; verás que no me lo invento. Como pilles esa miseria propia de expósitos de hospicio en el colegio te dejan la cabeza como un espejo, sin un solo pelo. Así que ya sabes, te lo digo por tu bien, antes de que sea demasiado tarde: ¡que te metan una buena rapada!

Yo me puse excitado al oír aquello. Cogí el periódico y leí, con gran atención, la noticia piojil. En algunas ciudades próximas a la nuestra, las llamadas Unidades de Desinfección habían entrado en acción. Sanitarios del ejército acudían a los centros escolares masculinos para proceder a rapar al cero de todos los chicos. El Alcazar incluía en sus páginas una entrevistaba a don Valeriano López Alfajor, máxima autoridad sanitaria de la provincia. Según el doctor López Alfajor, el foco de infección se había originado en algunas escuelas públicas, hospicios e institutos de secundaria masculinos:

-Los muchachos son menos dados al aseo capilar, mostrando una mayor dejadez en su cuidado personal. Son cerdos.En muchos colegios masculinos no existe el hábito de acudir a la ducha después de practicar actividades deportivas. El exceso de sudoración y la grasa, que se acumula en el cuero cabelludo y en zonas pilosas, han sido factores desencadenantes de la infección. La moda del cabello largo entre la población masculina y la falta de cuidados higiénicos han provocado esta nueva plaga.

El entrevistador preguntó a don Valeriano cuál era en su opinión la solución a este problema sanitario:

-A finales de los años cincuenta conseguimos erradicar esta infección, acabamos con el conocido popularmente como piojo verde. Ahora contamos con métodos más eficientes para combatir con éxito la pediculosis. Aconsejamos a los estudiantes que extremen las medidas higiénicas. Rogamos a los directores de los distintos centros educativos que, en caso de que sea necesario, faciliten el trabajo de las autoridades sanitarias. La Brigada de Sanidad del Ejército es el organismo encargado de llevar a cabo los controles pertinentes y la posterior desparasitación del alumnado.

El reportero metió el dedo en la llaga al referirse a los cortes de pelo obligatorios impuestos a la población escolar masculina. Don Valeriano respondió a esta cuestión de una manera directa:

- Debemos desterrar la idea de que cortar el pelo al cero a un niño o adolescente varón suponga para éste un castigo traumático, algo vergonzoso. La salud pública y la asepsia deben anteponerse a la moda y a los caprichos de la juventud. Los pedagogos deberán hacerles entender que el pelo crece y los parásitos ponen en grave riesgo su bienestar. Convendría que todos los escolares varones, sin excepción, se cortaran el pelo “a cepillo”, al menos una vez al mes. De esta forma el aseo capilar sería más llevadero para ellos. En los cuarteles militares de esta región militar no se ha detectado ningún caso de pediculosis. Esto es debido a que, obedeciendo a las ordenanzas militares, los reclutas y soldados usan el cabello muy corto.

Según iba leyendo aquellas líneas comencé a sudar, el pulso me temblaba y el corazón me palpitaba con fuerza. Aquel doctor se recreaba en la suciedad y la grasa capilar de los piojos. Mi padre vio mi cara de terror e intentó quitarle hierro al asunto:

-Hijo, no te lleves mal rato por esta nimiedad. Me da a la nariz que al final todos los chavales vais a acabar con un corte de pelo militar. Se ve que las autoridades sanitarias han comenzado una cruzada contra el pelo largo. No hay mal que por bien no venga; lo de los piojos es la excusa perfecta para acabar, de una vez y para siempre, con el movimiento hippy. Yo respaldo esta medida. Qué me digan dónde hay que firmar para despiojar a todos esos guarros, a esa cuadrilla de vagos y maleantes. Las melenas son para las mujeres. Nosotros los varones, con el pelo bien cortito y el rostro afeitado apurado, proyectamos una imagen de masculinidad e higiene. Nada de pelos y barbas de vagos y gente de arroyo.

Me atreví a enmendarle la plana a mi progenitor:

-Papá, hasta finales del siglo XIX los hombres usaban también el pelo largo. El hermano Rafael, en clase de historia, nos explico que a un visigodo la mejor manera de humillarle era raparle el cabello y las barbas. Este tipo de castigo se llamaba “decalvatio”. La dignidad de los reyes y grandes señores residía en la largura del pelo.

Mi padre contraatacó, con un mazazo a mis argumentos:

-Recuerda, que por culpa de los visigodos los musulmanes invadieron la península Ibérica. Tardamos ocho siglos en echarlos. Los romanos, que llevaban el pelo bien cortito, crearon un gran imperio y sometieron a otros pueblos cuyos guerreros usaban melenas. Los pelos largos son de bárbaros y razas salvajes. Es ya un hecho: desparasitación obligatoria para vagos y maleantes. Que pena que ya no exista esa bendita y ejemplarizante ley.

Mi cabeza como una bola de billar estaba cantada...
 

Publicado la semana 12. 25/03/2017
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
12
Ranking
0 267 3