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GEMELOS, MILITRONCHOS Y EXPOSITOS EN LA BARBERIA DE DON VALENTIN

Llevé conmigo mi cuaderno de apuntes de ciencias sociales para el trabajo de Hitler, para disimular, y la libreta “Top Secret”, escondida en un bolsillo de mi cazadora. No tuve paciencia ni para esperar al ascensor; baje los cuatro pisos corriendo, saltando las escaleras de dos en dos. Cuando llegué a la central de correos, Reginín ya me estaba esperando. Le mostré nuestra libreta de NORAJO, la conservaba como un tesoro. Debíamos darnos prisa, los gemelos podrían llegar en cualquier momento. Nos imaginamos que éramos dos niños de hospicio de apellido Expósito, obligados a acudir a la barbería militar:

-Expósitos, acudan perdiendo el culo a la barbería del inclemente. Deberán contar a NORAJO todo lo que ocurre en ese antro de perdición; tomen buena nota de ello.

A los pocos minutos llegamos a nuestra esquina favorita, desde la que controlábamos las entradas y salidas del personal.

De repente, a lo lejos, vimos al decrépito Valentín. Nos tapamos la cara con el cuaderno de ciencias sociales, para que no nos conociera, pero se veía una foto de una esbástica para el trabajo, lo que fue un riesgo de ser vistos. Abrió la puerta con mucho estrépito; aquellas maderas tan antiguas chirriaban. Al poco le vimos, sinietro, escoba en mano, barriendo la acera, vestido con su bata gris. Constantemente mirábamos nuestros relojes, la espera se nos hizo eterna. A las 9 horas y 21 minutos registramos la entrada en el local de los gemelos.

La puerta permanecía cerrada a cal y canto. Nos acercamos sigilosamente para escuchar lo que ocurría en el interior, llegamos a pegar la oreja a la puerta. Entre nosotros nos comunicábamos por gestos, también nos leíamos los labios. Yo me imaginé lo que estaba ocurriendo en aquel lugar y se lo expliqué, en voz muy baja, a Reginín:

-Ahora el Inclemente le está metiendo la maquinilla de mano a uno de los gemelos. ¿No escuchas el ruido?: chaca, chaca, chaca, chaca…

Reginín también permanecía expectante y en un momento dado me dijo:

-Este rapabarbas esquilador acaba de encender la maquinilla eléctrica. Presta atención al zumbido: buzzzzzzzz…

Cuando vimos acercarse a la barbería a un señor mayor, nos apartamos de la primera línea de batalla; nos dirigimos al fondo de callejón. Aquel hombre, nada más abrir la puerta del local, saludo a los allí presentes con un:

-¡Viva España!¡A la paz de Dios!. ¿Me va a tocar esperar mucho?.

Decidimos controlar todo lo que ocurría en el Salón de Caballeros desde nuestra esquina favorita; no podíamos arriesgarnos a que el barbero nos pillase curioseando por aquel lugar. La asidua clientela de Clemente empezó a acudir al establecimiento aquella mañana de sábado; contabilizamos hasta cinco caballeros, todos ellos mayores de cuarenta años y con el pelo aún muy corto. Evidentemente aquel no era un local de moda. Los escasos chavales y jóvenes que se cortaban el pelo donde el ambulante, lo hacían obligados por las circunstancias o por el incipiente fetish de barbería que sin saberlo tmbién teníamos. Solo viejos, mendigos, militronchos, expósitos o pervertidos iban allí a pelarse.

A las diez horas y trece minutos se abrió la puerta y los gemelos abandonaron el local. Nos quedamos boquiabiertos. A los dos hermanos aquel sádico los había pelado al rape y afeitado con cuchilla la nuca y los lados. De lejos nos pareció que estaban completamente calvos. Al aproximarnos disimuladamente hacia ellos comprobamos que aún conservaban algo de cabello en la parte superior de sus cabezas. En la zona de atrás y en los laterales, la piel les clareaba por completo afeitada a contrapelo.

los pobres se dirigieron a la mercería, a toda velocidad, avergonzados y cabizbajos. Tuvimos que acelerar para no perderlos de vista. Guardábamos unos metros de distancia para no ser descubiertos por ellos. Un hombre mayor de orden se les quedó mirando y le comentó a su acompañante:

-Estos chavales deben estar en algún reformatorio o un hospicio. Van con todo el coco pelado; a los pobres se les ven las ideas. pero son un ejemplo. Así deberian ir todos los chicos y no con esos pelos de hippy como ese Miguel Bose tan afeminado.

Una vez que se metieron en la tienda a ser revisados por su padre, los perdimos de vista; no les apetecía lucir en público aquellos vergonzantes cortes de pelo. Seguramente se refugiaron en la trastienda y no abandonaron su escondrijo en toda la mañana. Reginín y yo decidimos irnos a la biblioteca y leer todo lo relacionado con el nazismo y Hitler. Nos gustó mucho todo y aparte el corte de pelo del famoso dictador alemán, muy rapado, parecía propio de don Valentín. También encontré la biografía de Eva Brown, para mi padre.

Publicado la semana 10. 10/03/2017
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