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elcaninno

JUNTOS, NADA MÁS

”El aire estaba lleno de sonido y en el desierto no hay nadie para darte dolor, me puso triste pensar que estaba muerto y me sentía bien bajo la lluvia”.... Esto son “cachos” del temón “A horse with no name” de América y que me valen para empezar a cantar a mis estados casi federales hoy que se cumplen 34 días desde que volví volando del sur.

Ahora éste aire tiene otro sonido, ni agudo, ni grave, otro, con aromas a cerrado por disfuncion.

En éste salón con gotelé demodé, un espacio con la condicional impuesta, que casi siempre estuvo desnudo, reclamando a gritos pintura fresca, aires buenos, colores crecientes y deseoso de tus silencios, amor mío. Buscándote y perdiéndote.

Entonces me pongo el pijama del “viajante volador” y observo en los 180º que me permiten mi cuello de cisne negro, y veo mis pequeñas cosas. Todas me están mirando con ganas de conversar, de que les pregunte por su vida, y me mola y entonces les pregunto, claro.

-¿Queréis jugar? Y todas, como si estuviesen en Toy Story se juntan en formación como cuando nos sacaban al patio y me dicen:

- Pues claro, nota (Joder! que chulitas son mis pequeñas cosas)

Sonando de fondo, aleatoriamente, suena Nina Simone “ain't got no”....mmmm esto pinta.

Empiezo por una pequeña moto hecha de restos de ferralla, hierros retorcidos, una bujía que hace de bastidor/motor que compré en un rastro en Amsterdam en el 92, creo, en aquel gran e irrepetible interrail que fui con mi tronco "el cabezón" y un par de prendas más, y que compone una especie de “café racer” bien traída. Aquí sigues pequeña racer de oxido preguntándome que hacer. Que hacemos?

- No sé, pequeña, en realidad solo quiero que estés, que sigas haciéndome compañía.

 

Volteo uno de mis “sacáis” y aprovechando que he citado a uno de los míos, veo al pequeño perro salchicha que le levanté a su vieja sin que él lo supiese, claro. Fue en julio del 87, un par de días antes del mítico concierto de U2 en el Bernabeu y que Chinasky, Bighead y yo fuimos. Tiene el ocico alargado, el cuerpo de latón fino con sus cortas patitas y la cola levantada en forma de medio arco y larga. Más tarde supe que era una pieza para dejar los anillos, tanto en el morro como en la cola, por eso las formas, pero a mi me gustó mucho, ya apuntaba maneras con las cositas del diseño. Lo de mangar, ya venía de antes, creo. Cuanto nos hemos reído mi colega y yo recordándolo. Total, que el pequeño “salchicha” me está mirando y me hace la misma pregunta:-¿Qué hacemos? (le dice un can a otro) -Nada salchichón, solo quiero que estés, que sigas haciéndome compañía. .....

(Venga va, lo confieso, mi primer hurto fue una bola del futbolín, en la piscina “Marbella”, tenía cuatro años y me escondí debajo del “futbolo” y cuando salieron las bolas de los que empezaban la partida, saqué mi brazito por debajo del cajón, y bolita llevar. Muy limpio todo)....

 

Giro otro de mis ojitos y veo 2 tapas de una boca de esas para los incendios, donde se colocan las mangueras, que me apañé también en una noche de julio abrasador y que sin yo saberlo resulta que ensamblan entre sí, que con una pequeña vuelta de tuerca se convierte en una caja estanca donde guardo mis deseos mas calientes. Otra pequeña cosa que me hace compañía y que además guarda secretos.

A mi espalda, y en un rincón, con un peso de 777grs y campeona del peso supermosca, un pequeño y espigado tótem, con trazas de Giacometti y pinta de hembra diosa. Ésta también fue a parar a mi mochila, “al descui”, claro, en una noche cálida en Costa Rica en aquel fabuloso vuelo con el “Yisas” y el “Lagar” y que lo pasamos francamente, verdad, Mae? Y que entre las muchas vivencias, conocí a Mrs. Viganó, porteña bien maja y que hoy día mantengo buena amistad, buena onda. La delgada esculturilla, hoy está mas callada que nunca, dice que no la hago caso, que ya no la quiero, que no la cuido, que no la quito el polvo como al principio, que para que seguimos juntos, que la deje irse o que al menos, no pague con ella mis vacíos y mis noches blue velvet. Entonces la sostengo entre mis manos, la miro y la digo que solo quiero que esté, que me haga compañía.

 

Estoy escribiendo sobre la mejor pieza que tengo en éste apático salón. Es la moderna “poker” de Joe Colombo diseñada en 1968, herencia (o también afanada como dice mi plas) del capo de la familia. Esta tremenda pieza del diseñador italiano ha estado expuesta en el MOMA, no la mía, digo, pero esto no es lo importante que me salgo del carril. Estas 4 patas me han dado “mucho juego”, infinitas noches de mus, de risas, de confesiones cuando fuimos los peores, de sexo novato cuando estabas en el salón de los viejos y se piraban el finde, de “cinquillos” con mi abuela bendita y sus inolvidables risas, de partidas de dados con los primos, de mis primeros dibujos y mis primeras cartas de desamor. Ésta italiana me conoce tan bien que es la única que no me pregunta, solo mueve una de sus patas de frío acero inoxidable 18/8 y me acaricia antes de irme al sobre. Nos queremos. Gracias viejo.

 

En la cara sur de éste cuadrado, en la pared mas al norte, tengo colgado un fresbee amarillo con el conejo de PlayBoy en negro en el centro, regalo del poeta “scarface” que siempre está pendiente y que conoce los detalles como la palma de sus pies y que siempre andan danzando sobre sus versos. Que listo el conejo, ahí está mirándome, recordándome cuando era un Boy dándole duro al Play de la vida.

 

Por Detroit, veo una taza replica de las que usaban para el “rancho” en Alcatraz que me trajo la pequeña de antepasados colombianos y que ahora está llena de tomillo, que me recuerda al olor de la libertad y que de vez en cuando dice que ojito con mi afición al hurto.

Un “Toy” del viaje a NYC, mi póster del McQueen en “La gran evasión” proponiéndome la huida en todo momento, mi navaja de palo, el cuchillo de Tandil comprado “resien” y el molinillo de café marca Elma que me dio mi santa, sí ella, la que todo me lo da y la que me trajo a esta cosa del vivir. Gracias vieja.

 

Terminamos callados mis pequeñas cosas y yo, haciéndonos compañía y dándonos conversación de vez en cuando. Recordando el título de éste vomito de hoy y que es el título de uno de mis libros favoritos de Anna Gavalda JUNTOS, NADA MÁS
Publicado la semana 34. 22/08/2017
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