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David Requena

El héroe que hizo Historia

Había amenazas por todas partes en su mundo. Sobrevivir cada día en aquel entorno hostil exigía la máxima atención de forma continua. No quedaba tiempo para descansar, para disfrutar del sol o el aire fresco; buscar comida y no morir era todo a lo que nuestro protagonista podía aspirar.

¿En qué momento los alrededores de su casa se habían llenado de monstruos? No estaba seguro, es muy posible que llevasen allí toda su vida. Hacía tiempo que sobrevivía solo y el recuerdo de su madre y de lo que le había enseñado iba desapareciendo en su mente superada. Quizá los monstruos ya asediaban a sus padres antes que a él.

Sea como fuere era angustioso vivir bajo tierra constantemente atemorizado y solo (tan solo). Salir exclusivamente para buscar comida, con los cinco sentidos puestos en cada movimiento a su alrededor, todos ellos sospechosos, amenazantes, potencialmente mortales.

¡Qué terrible vivir así! Pero nuestro héroe seguía afrontando cada día, con la decisión digna de alguien con tal título.  Era un superviviente, desconocedor de que su destino era uno de los más asombrosos e influyentes que este mundo había conocido.

En estas se encontraba nuestro héroe cuando, cierta noche que se había aventurado a buscar algo de comida en los alrededores de su casa vio un extraño rayo en el cielo estrellado. No supo a qué podía deberse y en el fondo tampoco le importó gran cosa, porque su prioridad era encontrar sustento antes de que "algo" le encontrase a él. Poco tiempo después, un error, un despiste y fue sorprendido por uno de aquellos inimaginablemente enormes monstruos. En el momento en que pasó a ser consciente de que su vida iba a terminar, asesinado por aquella bestia, el suelo, el mundo, la totalidad de la Creación, comenzaron a temblar con una fuerza indescriptible.

Sorprendido, el monstruo se olvidó de nuestro héroe y ambos corrieron en direcciones contrarias buscando protección. Estaba muy cerca de su guarida y allí se metió, corriendo todo lo que le era posible, aterrorizado, temiendo que cada segundo fuera el último, ya que la tierra temblaba con tal fuerza que todo amenazaba con desintegrarse alrededor. Los túneles se iban cayendo tras él, pero pudo alcanzar una pequeña sala a cierta profundidad que parecía lo suficientemente estable y en la que tenía almacenada algo de comida. Allí se acurrucó y esperó como pudo a que el enorme terremoto terminase.

Cuando se atrevió a volver a salir al exterior, varias horas después, lo tuvo verdaderamente complicado, pues los túneles que frecuentaba habían desaparecido, pero algunas nuevas grietas le dieron acceso a la superficie. Y lo que vio fuera fue sin duda el maldito fin de todo. Vientos huracanados y abrasadores acababan con las plantas... y también aparentemente con los condenados monstruos gigantes. Sólo estuvo fuera unos segundos y casi le costó la vida. ¿Cómo sobreviviría ahora si sus reservas de alimentos en su pequeña cueva eran tan escasas?

Perdió la cuenta de los días que malvivió en aquellas condiciones imposibles, con un infierno incesante fuera y sin apenas aire, agua o comida en su refugio. Y de pronto, en una de las paredes de su cueva, notó unos golpes que claramente no eran aleatorios sino producidos por alguien que quería abrirse paso. En su desesperación vio la posibilidad de encontrar ayuda y comenzó a cavar con todas sus fuerzas hasta que se encontró con ella.

Tener una compañera lo hizo todo más fácil. Ella le enseñó nuevos túneles más profundos y compartió con él sus reservas de comida. Pronto compartieron también su intimidad y a pesar de lo precario de su situación, de lo imposible que parecía sobrevivir a aquel apocalipsis, nuestro héroe fue más feliz de lo que había sido nunca, porque ella le enseñó algo parecido a la plenitud, aunque no tuvieran casi nada, aunque cuando se atrevieran a asomarse al exterior no viesen más que destrucción, oscuridad y el sol hubiese desaparecido.

Con el tiempo ella empezó a engordar aunque él se encontraba cada vez más delgado. Ambos sabían que eso era una señal de que pronto tendrían que alimentar a su descendencia. Aún así no se atrevían a salir, pero la situación terminó volviéndose desesperada y un día en que la pareja de amantes se encontraba al límite de sus fuerzas se miraron el uno al otro, hicieron acopio de todo el valor que les quedaba y subieron al temible exterior.

...

Todo esto sucedió hace (año arriba, año abajo), 65 millones de años. El ancestro común de ratones y humanos –una criatura que era aproximadamente del tamaño de una rata pequeña– vivía entre los dinosaurios. El primer representante conocido de este linaje, conocido como Eomaia scansoria, se considera el antepasado de todos los mamíferos modernos. Un pequeño superviviente que hizo Historia.
Publicado la semana 36. 10/09/2017
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