42
Ana Centellas

La primera vez

—¿Y si nos damos un beso? —pregunta, con timidez, Marisa.

Miguel la mira con cara extraña, la pregunta le ha pillado por completo desprevenido.

—¡Qué asco! —contesta—. ¿Para qué quieres que hagamos eso?

Los colores que ya lucía Marisa en las mejillas se hacen aún más evidentes. Baja una mirada cargada de vergüenza.

—Para que siempre te acuerdes de mí —le contesta, en apenas un susurro.

Miguel se limita a mirarla en silencio, incapaz de comprender por qué su amiga le está pidiendo aquello. La mira directamente a los ojos, sin ningún tipo de soslayo ni pudor. No sabe el motivo, pero intuye que no podrá evadir la pregunta y que su respuesta debe ser sincera. Lo ha visto hacer millones de veces a los mayores, aunque no logra entender qué necesidad tienen de juntar los labios con los de otra persona, algo que, al parecer, Marisa, aun siendo más pequeña, sí sabe interpretar.

Marisa tiene solo siete años y Miguel acaba de cumplir los nueve. Es el último día de un verano en el que ambos se han vuelto inseparables. Al día siguiente, Miguel tendrá que regresar a la ciudad y Marisa se quedará en el pueblo donde tanto se han divertido durante el último mes. Está a punto de caer la noche sobre el pantano y pronto tendrán que regresar a sus casas para no verse más en meses. Sentados sobre el embarcadero de madera, las delgadas piernas de los dos quedan colgando nerviosas.

Los segundos se vuelven eternos para Marisa. Aún no sabe por qué le ha hecho esa pregunta a su amigo, le ha salido sin querer y ya no hay marcha atrás. A cada instante que pasa nota sus mejillas más ruborizadas y Miguel no responde. A punto está de levantarse y marcharse corriendo cuando este se inclina hacia ella. Su corazón palpita con fuerza cuando los labios del pequeño se posan en los suyos. Ninguno de los dos es consciente, pero en ese momento ha dado comienzo una bonita historia de amor.

Miguel entorna los ojos al recordar ese momento. Marisa, a su lado, balancea las piernas, que cuelgan del embarcadero, mientras contempla a sus pequeños jugar felices en el agua. Es el último día del verano y están aprovechando los últimos momentos en el pueblo antes de regresar a casa. Piensa que está mucho más bonita que aquella primera vez que la besó en aquel mismo lugar, en aquella misma situación. Marisa siente su mirada sin necesidad de que le diga nada. Se inclina hacia él, le toma de la mano y, con un susurro, le pregunta en el oído:

—¿Y si nos damos un beso?

Sus mejillas vuelven a adquirir el mismo tono encarnado de la primera vez.

Publicado la semana 94. 17/10/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
II
Semana
42
Ranking
0 111 0