25
Ana Centellas

¿Dónde lo has escondido?

—¿Dónde lo has escondido? —preguntaba Ruth, con una coquetería que escondía dosis de impaciencia y mimo a partes iguales. Creía haber mirado ya en todos los rincones posibles y no podía esperar más.

Sergio la miraba con una sonrisa pícara que implicaba para ella que jamás contestaría a esa pregunta. Todos los años, en el día de su aniversario, él escondía su regalo en un lugar de la casa y Ruth tenía que encontrarlo. Aquel año, Sergio veía cómo su chica buscaba y rebuscaba en todos los lugares posibles, sin éxito, desesperándose a medida que pasaba el tiempo. Llevaba buena parte de la mañana de aquel sábado buscando y aún no había encontrado nada. A Sergio le burbujeaba el estómago cada vez más y siguió con el juego mucho más allá de lo que hubiese imaginado. Necesitaba tiempo para idear cómo salir indemne de aquella.

La mañana terminó sin que Ruth hubiese sido capaz de encontrar su regalo. Durante la comida, que Sergio se había encargado de preparar con esmero, un tenso silencio se instaló entre ellos. Cada uno sumido en sus pensamientos, comían en silencio mientras rumiaban sus propias ideas.

Una sombra de duda pasó por delante de Ruth, pero la desechó al instante. Había revisado todos los lugares de la casa en los que podría Sergio haber escondido su regalo y, aun así, no lo había encontrado. ¿Sería posible que se hubiese olvidado? No, imposible. Tras veinte años juntos, jamás había fallado en ese pequeño detalle. Ella no lo necesitaba, pero él no lo sabía, y la costumbre de la búsqueda del regalo se había convertido en una bonita manera de celebrar aquel día con ilusión. Durante toda la comida estuvo pensando en qué lugar se le podría haber olvidado mirar, pero no consiguió adivinarlo, así que decidió abandonar la búsqueda hasta la tarde. Más relajada, terminó la comida.

Mientras, Sergio trataba con todas sus fuerzas de que la preocupación que llevaba invadiéndole todo el día no se hiciera evidente. Jamás se había olvidado de su aniversario. ¿Cómo se le podría haber pasado en aquella ocasión, justo el día en que celebraban su vigésimo aniversario? Si Ruth se daba cuenta, estaría perdido, pensaba él. De pronto, se le ocurrió una idea. Más relajado, terminó la comida.

El término de la comida dio paso, como siempre, a una acaramelada sesión de besos y abrazos que culminó en sexo tranquilo y acalorado. Así había sido cada tarde, en los fines de semana, desde hacía veinte años. Después, Ruth se dejó llevar por el sopor de la siesta. Sergio la observaba con ternura, mientras le acariciaba con cariño el pelo, esperando el momento en que ella estuviese por completo dormida.

Una hora. Hora y media a lo sumo. Ese era el tiempo que tenía antes de que Ruth despertara para encontrar un regalo lo suficientemente pequeño para que entrase en el diminuto rincón que se había dejado sin mirar. Y caro, tendría que ser caro, pensaba Sergio mientras cerraba la puerta de la casa con sigilo para no despertarla.

Publicado la semana 77. 24/06/2018
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
II
Semana
25
Ranking
0 159 0