Semana
58
Ana Centellas

Nubes de España

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Relato
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Nos había llevado más de tres horas llegar a la cima de la montaña, pero he de reconocer que valió la pena. Hubo muchos momentos en que casi pierdo las fuerzas y me lamenté en bastantes ocasiones de mi deficiente forma física. Hice una vez más el firme propósito de volver al gimnasio, a sabiendas de que volvería a incumplirlo de nuevo. Subimos juntos, Javier y yo, por un sendero de tierra que más de una vez trató de engullirme, en los tramos más escarpados. Pero al final el esfuerzo había tenido su recompensa.

Allí estábamos los dos, en el pico más alto, desde el que se divisaba por completo el valle. Creo que nunca antes me había sentido tan cerca del cielo, incluso en los viajes en avión. Era una sensación diferente, más liberadora, más auténtica. Una experiencia sumamente gratificante que hizo que me olvidase casi de inmediato de las dificultades de la subida. El aire allí arriba era más fresco y nos azotaba en el rostro sin ningún tipo de pudor, llevándose con él cualquier tipo de cansancio que hubiéramos podido evidenciar. Revitalizante, eso era, una inyección de vida con cada nueva ráfaga de aire juguetón que revolvía mis cabellos en una loca y desenfrenada danza.

Desde allí arriba se contemplaba todo el valle y las montañas que lo circundaban, lo que te daba la sensación de ser un Dios todopoderoso con capacidad para controlar todo desde las alturas. Los diversos pueblos que conformaban el valle parecían diminutas congregaciones de pequeñas hormigas desperdigadas aquí y allá. El resto tenía el aspecto alegre y vigoroso de la primavera. Verdes prados, con un colorido intenso, cubrían todo el terreno que no estaba cubierto por frondoso bosque. Apenas quedaba un pedazo de tierra que no estuviese cubierta por el color verde de la nueva vida. Todo parecía fluir en una armonía hasta entonces desconocida para mí.

Boquiabierta ante aquella maravilla que me recreaba la vista, me dejé caer sobre el suelo pedregoso. Javier hizo lo mismo a mi lado. No podía dejar de admirar el paisaje, dándole gracias a Javier por haber conseguido convencerme de subir a la montaña, aun sabiendo que el ejercicio y yo nunca antes habíamos sido buenos amigos.

Al fondo, algo llamó mi atención. Contra la silueta entrecortada de las montañas, grandes nubes pugnaban por ocupar un lugar de honor en el cielo. Eran blancas, pero todas ellas iban tornándose de un color gris oscuro que amenazaba tormenta. Pude distinguir con claridad en ellas una silueta casi perfecta del mapa de España. Sobre ella, dos enormes nubes, como dos fuertes titanes, se enfrentaban como si estuviesen tratando de ganársela. Entre las dos se batía un duelo encarnizado por dividir España.

Me quedé mirando durante un tiempo más para observar la evolución del combate, pero este parecía no tener fin. No pude evitar pensar en lo sabia que es la naturaleza. Al fin y al cabo, era una representación casi exacta de la situación actual de nuestro querido país.

Publicado la semana 58. 08/02/2018
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