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Aletheia

Fui

No uso  joyas,

me aburren los fondos de pensiones.

No sueño con diseños exclusivos.

Un coche (blanco)

que pueda llevarme al cielo de tu boca cuando el cuerpo me exija un suspiro.

Eso sí es necesario.

 

Ese es mi mérito.

Necesitar poco (o nada) que no seas tú.

 

El dinero nunca fue bastión de mi fortaleza,

ni padrino de mi tiempo.

Vivir sin pretensiones

ha sido la baza –cual Teresa impía– que me ha permitido vivir en mí.

Ser yo, por muchas horas.

Ser yo casi siempre,

a ratos.

Ser yo en cuerpo y por alma,

en deseo consentido por tu obra y gracia.

Hora tras hora,

dedicada al palpito que aturulla mi cabeza.

 

Algunas veces, en el cañón del silencio

(allá en el pueblo de las madreselvas)

fui abandono y huida.

Otras veces, crucé el charco en dos direcciones,

y fui beso,

tu sabor a mi antojo.

Fui copa de vino,

despecho y  llanto. Y despojo.

 

Fui Hades.

Visité el epicentro de mi corazón herido,

en vida.

Y desde allí, te susurré:

Querido, te reconozco.
Publicado la semana 43. 27/10/2017
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