Unidos por la obra de Dalí en un foro y en apenas un mes, se afianzó una relación escrita que decía más de nosotros que del singular pintor.

Descubrí entonces un nuevo estado… el ansia que me producía la espera por leer los mensajes que mi desconocido camarada enviaba puntualmente cada día. Tecleábamos osados emociones, derramando frescura en cada frase. Nuestras misivas provocadoras lanzaban un guante para que el otro se sintiera atrapado y no pudiera prescindir de la aventura epistolar. Todo fluía tan natural, tan lógico, que se volvió excitante, aunque era imposible contar todas las casualidades.

Como cabía esperar, surgió la propuesta del encuentro en carne y hueso. Así que, tal como prometí, espero hoy viernes en la sala del Oeste de la Biblioteca Central, en la galería que da a la fachada principal, he llegado antes, estoy impaciente.
Como en el cuadro de ‘La muchacha’, poso de espaldas, en la ventana. Un pañuelo morado como consigna.

Mientras ensimismada miro la calle esperando distinguirlo, surge una voz por detrás que me estruja el pecho. Petrificada, me vuelvo al escuchar mi nombre desde ese timbre tan conocido: mi pesadilla con orden de alejamiento, envuelto en Armani. 

Golpes: Semana #47
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Comentarios (1)

  • fisherwoman . 26 noviembre, 2017 . Responder

    Muy sorprendente el giro del final! Me ha gustado mucho 🙂

 

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