ENCUENTROS EN LA OTRA FASE

9 julio, 2017.0 Comentarios.#relato

No era nuestra primera cita. A pesar de haber pasado veinticinco años esta vez no llegué tarde en contra de mi terrible defecto. Hasta, esperando, por un momento, pensé en si me dejaría plantada, pero inmediatamente deseché la idea: demasiadas palabras desperdiciadas en nombre de un conocimiento compartido y un reconocimiento pendiente.
A los tres minutos apareció él, expectante y con esa curiosidad que le hace moverse a diario, en realidad necesita de esas pequeñas burbujas para ir respirando vida, de otra manera, el mar del mundo se lo tragaría.

Me divirtió ver cómo torcía su cara intentando recordarme mientras se acercaba. Por un segundo fui una desconocida y él para mí un montón de fotos: asaltaban tantos detalles al encontrarme en su mirada, un coche -creo que acertaría hasta la matrícula después de veintisiete años- el nombre de su primera mujer, sus hermanos, aquel espacio como razón celestial de reuniones, sus amigos que solo eran los ‘inaccesibles’ para mí.
Sus ojos no conservaban aquel azul fastuoso que me electrizaba, sin embargo, en su experiencia resultaban de un gris delicioso en el que también me invité a entrar.

Cuando de pronto, al tirar de un rebobinado surgieron dos nombres, mi cara pudo encajar en su puzzle desordenado como un recuerdo tácito. No hizo declaración alguna de lo que le sugerí en el pasado, solo sonrió abiertamente. Así seguía siendo él, franco y explosivo, aunque las heridas y el tiempo hicieron ayer desanudar posibles decoros antes necesarios. Llamó a algunos elementos por su nombre y a otros, haciendo gala de exquisitas y trabajadas explicaciones, los envolvía en ambiguas réplicas con lazos, purpurinas y brillos.

No le confesé muchas cosas y sí le conté otras tantas… porque tampoco pude atisbar el objeto real de su interés por mí. En sus insistentes preguntas intuí más que curiosidad pero menos que predilección, así que mi escasa iniciativa en frío con un hombre, se vio alterada por momentos en aberturas espontáneas, pero en también en moderadas mordidas de lengua por no mostrar todo mi fuego. 

Fue un refrescante encuentro, nos bañamos en un mar de recuerdos, de actualizaciones sin pulsar teclas indeseables, a ratos nos mojamos, solo tocándonos lo necesario. En ochenta y cinco minutos da poco lugar a volar, así que despegamos un poco de la pista, lo justo que dan unos pocos granos de polvo de hadas para volver a aterrizar a la rutina, ese hábito quizá infravalorado, que apostillé en negativo.

Quisimos nombrar a Lázaro Carreter con sus dardos en mis palabras, pero el apellido del autor quedó pendiente, probablemente porque tenemos que volver a recordarnos. Quisiera, de momento, que tuviera en mí otra de esas pompas de aire y descubrir qué puedo respirar en él.

Encontré interesante que leyera lo que puedo sentir y le aventuré a leer mis densos relatos, me miró hondo y vi una afirmación sincera, pero en su despedida no hubo mucho más a proclamar. Por un segundo, casi en el último beso, se me derramaba apuntarle mi número, pero mis heridas también reprimen los impulsos, por si él no entrara a mojarse en mi lago de fuego.

No tengo prisa pero su curiosidad me estimula, sus mensajes de rival de altura me provocan… y lo sabemos, nada mejor que los retos para seguir apostando en el juego.

Golpes: Semana #27
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