Despacio, con el cuidado que otorga morder mi labio, cierro la puerta otro domingo por la mañana. Dejo atrás otra madrugada de relleno por la que sentirme vacía.

Mi reflejo dice que las gafas de sol no son suficientes para ocultar el  rímmel borroso de mi pecho.
Mientras baja el ascensor todavía retumban sus palabras susurrando deseo, me apuñala el recuerdo de sus ojos hambrientos y aún conservo la última imagen, derramado satisfecho en la cama el cuerpo de hombre saciado.
Al encontrarme ahora en el espejo, sin máscaras, caigo en la cuenta de que me he convertido en la mujer (más)turbadora de su vida.

Golpes: Semana #24
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Comentarios (1)

  • luis . 20 junio, 2017 . Responder

    El vacío tras una relación furtiva expresado en pocas -¿y certeras?- palabras. Algo de la angustia post-coito, quizás escaso, insuficientemente explicado. Breve y excesivamente connotativo.

 

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