Nueve días de largas cartas puntuales en mensajes. Nos abrimos el alma con perfecta ortografía, nos desnudamos confesando secretos con absoluta corrección gramatical y pretendido descaro. Me fascinó otra de tantas coincidencias, escritor.

Aunque para los dos las citas epistolares ya eran recorrido a contar, el encuentro en tiempo real y tercera dimensión fue sublime. Ocurrió la química en lo físico. Sentíamos alguna clase de corriente sinestésica al mirarnos, nos hervía la sangre al tomarnos de la mano. No podía explicar de forma racional el haberme enamorado desde unas cartas y afianzar eso mismo desde el primer segundo en un abrazo turbador.

Solo una veta de juicio y cordura me asaltó un minuto, no le conocía. Solo sabía lo que él me había contado, casualidades, providencia, destino, contingencias… ¿y si se trataba de alguna clase de psicópata?

Me avanzó que iríamos a un sitio especial que me daría escalofríos. Casi sin darme cuenta, en nubes terrestres y dejándome guiar por sus pasos, de pronto me vi allí dentro: lomos colgando, tripas expuestas, ojos sin vida, caras aplastadas, conjuros, sortilegios. Animales inertes, personajes extinguidos, algunos trastornados. Juguetes antiguos, momias, reliquias. Hombres reventados, mujeres troceadas, restos de guerra. Asesinos ocultos en cuerpos de niño. En un pasillo sangre reseca, armas, herramientas y sogas. En torno a nosotros brazos alargándose para alcanzar los estantes, para poder subir por las barandillas a la luz, para atrapar cuerpos plegados, pegados a otros, algunos hasta cosidos. Miradas acusatorias en nombre del silencio, ojos escudriñando nuestra presencia. Y ese aroma silente, anestésico, que me sacudía desde la espalda y me ponía la carne de gallina.

Sus manos desde atrás apresaron mis hombros. Escuché perfectamente en mi oído ese crujido de la lengua mojándose los labios para después tragar saliva. Me encontré en sus ojos sonrientes, expectantes de mi reacción. Arremetió contra mi cuello. Olisqueó… y al subir a la boca me llenó esa agitación. No creí mejor escenario para el primer beso que una biblioteca.

Golpes: Semana #21
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Comentarios (5)

  • fisherwoman . 28 mayo, 2017 . Responder

    Un final inesperadísimo. Me ha encantado

  • luis . 30 mayo, 2017 . Responder

    Un justo toque de intriga para otro romance en ciernes, lo que lo hace más romántico si cabe. Por un momento pensé que se trataba del mismísimo Drácula.

  • Johan Cladheart . 30 mayo, 2017 . Responder

    ¡Muy bueno! ¿Nos pasa a todos? Lo de las bibliotecas, digo.

  • Aletheia . 31 mayo, 2017 . Responder

    Final inesperado. Redondo, querida Soledad.

  • Javier Oliva . 2 junio, 2017 . Responder

    Uf, escalofriante. Qué bueno lo de “Nos abrimos el alma con perfecta ortografía”. Muchas gracias

 

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