El domingo me levanté a las diez y media de la mañana tras dormir la friolera de cinco horas y media, esto último me resta gandulería y me suma vicio a partes más o menos iguales. En mi favor alego que llegué a casa, aunque a punto de hacerse de día, sobria y serena como si fueran las 12 de la mañana camino a misa. Quizá bastante más cansada y con más ganas de cama, de la de dormir.

A pesar de la inexistente resaca por no beber alcohol, el dolor de cabeza me acompaña muy a menudo cuando rompo mi rutina de horarios. Decidí mientras me rendía a la química analgésica que lo mejor sería salir a tomar el aire a la terraza. No me equivoqué. En un cuarto de hora, algo, aún no sé definir qué, me hacía sentir mejor. El estado contemplativo desde un séptimo:  la montaña de un lado, la playa desde el otro, un cielo azul raso y los transeúntes de todas las maneras posibles me distrajeron de mí misma. A pie, corriendo o andando, en bicicleta, en coches, en motos, solos, acompañados, juntos pero por separado… Todo vale, todos sirven para rellenar el paisaje.

Y mientras, sumergida en tan habituales escenas, respiraba hondo y pensaba que me encontraba feliz, no que de pronto era feliz, sino que me sentía plena, radiante, diría que afortunada, y hasta sentí, lo admito, alguna culpabilidad por ‘victimismos’ de leves a moderados con los que me fustigo secretamente y sin explicar a nadie. Justo, en ese momento de dicha, hubiera parado el mundo para saborear ese aire que respirar, para poder contagiarme o para poder atraparlo en una botella y guardarlo, para cuando me inundara la tristeza y usarlo como el más codiciado elixir de la felicidad. Se me ocurrió entre risas que podría echar laca, algún tipo de pegamento para fijar el instante, como si fuera una fotografía de un momento para recuperar más tarde.

Estaría bien poder recurrir a las sensaciones más placenteras de una manera fácil, en lugar de drogarnos con pastillas que adormecen los quejidos, que solapan emociones y anestesian dolores. Y después quise acordarme de las veces que fui feliz, pero a veces la memoria falla y recuerda más los virus que han dañado órganos vitales.

Comentarios (9)

  • David Requena . 15 enero, 2017 . Responder

    Hermoso. Me gusta especialmente el título.

    • (Autor) Sol . 16 enero, 2017 . Responder

      Muy agradecida

  • Quinnipak . 15 enero, 2017 . Responder

    “Fijar instantes con laca”. ¡Me encanta la idea!

    • (Autor) Sol . 16 enero, 2017 . Responder

      Gracias, todo llegará

  • Aletheia . 29 enero, 2017 . Responder

    Como sólo tú sabes…

    • (Autor) Sol . 30 enero, 2017 . Responder

      Como tú me ves y me reconoces

  • Zamoranita . 30 enero, 2017 . Responder

    Creemos ese pegamento me gusta la idea y el haber podido sentirte tanto a través de tus letras como si hubiese estado ahì en tu teraza contigo.

    • (Autor) Sol . 30 enero, 2017 . Responder

      Gracias… si has sentido, no puedo pedir más. No dejemos de crear, la terraza nos espera.

  • luis . 17 abril, 2017 . Responder

    esos chutes de nemotecnia que se suben a la cabeza y despejan efímeramente las tribulaciones. Una pastillitas que te trajeran una selección de nuestros mejores recuerdos, algo así como el The Very Best of My Memories.

 

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