Salvo descuido, y siguiendo ya mi tónica de explosiones, me acabo de dar cuenta que no me gustan las palabras que empiezan por ‘des’-. Suenan desprovistas, desquiciantes, desprotegidas y desprevenidas.

Deshojar es asesinar con tortura a la margarita por una estúpida pregunta, o por dos. Deshonrar es acción humillante para víctima y verdugo. Deshidratar es casi morir por agua, cualquier líquido sirve, hasta saliva.

Desinflarse es lo peor cuando antes estuve hinchada de ilusión. Deshilar es deshacer aquello que tejí con la esperanza de ser usado. Desvelar es oír aquella verdad a la vez que descubrir algún embuste. Desmedido es siempre un sentir desmesurado, excesivo para vivir en paz. Desmentir no suena bien, algunas mentiras encubrieron más digna mi inocencia.

Desmayarse es la única opción razonable que barajó mi cerebro al oír aquellas palabras, una vez en un tren. Desmelenarse es despreocuparse cuando algo tendría que ser racional. Desmoronarse es lo que hago habitualmente cuando no es él otra vez. Desnudarse es el dolor cuando aún recuerdo sus manos aprisionando mi carne. Desalmado es aquel carente de alma que no siente con el que sí siente.

Deshabituarse es intentar rehabilitarse de algo que proporciona más perjuicio que placer aunque uno piense que lo controla. Desmerecer es hundirse miserable creyendo en la desesperanza desde la desesperación. Descoser es arrancar de la piel los hilos que me unen a él, de una sola embestida, sin anestesia ni aviso.

Desdibujar es admitir que alguna vez, en otro rostro, se puede borrar aquel que me hizo estremecer. Desfallecer es desesperar deseando no despertar. Descomponerse es estallar a trozos sin posible sutura. Desgastar es darse hasta la extenuación aún poniendo en riesgo el alma propia. Desahuciar es desterrar creencia y promesa de lo que permite respirar.

Desenganchar es intentar desprender un imán a otro pegado, desunir dos partes aún cuando una se resiste. Destacar es recordar solo los momentos de cielo obviando los infiernos. Destemplar es desordenar escenas, rescatando instantes para llorar a destiempo.

Destituir es destrozar en mil pedazos, suspendiendo de ego y sueldo todo resquicio de estima. Desmemoriarse es dejar de recordar los besos que me llevaron al abismo de mí misma, es ver el mundo de pronto, cuando dejé de ver todo excepto mi vida en sus brazos.

Desvío es una alternativa que tomé para poder seguir sin vivir en su pecho.

Golpes: Semana #14
Tags: #ficción

Comentarios (1)

  • luis . 21 mayo, 2017 . Responder

    En mi opinión, que ya expresé y mantengo, uno de tus mejores textos, sin apenas atisbos de relato pero conducente a una íntima reflexión sobre no pocas cuestiones cotidianas que nos pasan desapercibidas. Un toque de atención para no comportarnos como autómatas en todo momento.

 

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