Empezó con un molesto dolor de barriga. El paciente repasó mentalmente todo lo que había comido ese dia. Un café con tostadas y jamón para desayunar. Dos cervezas y una picada de montaditos tamano pequeño de aperetivo. Un arroz a la cubana de comer. Ahí empezaron los problemas. Se juró no volver a comer arroz.

Pero tres meses más tarde ya se le había olvidado la promesa. Típico. Se comió con sus amigos una paella pasada un poquito de aceite pero riquísima de sabor. Y a partir de ahi todo fue cuesta abajo. Maldito arroz.

A veces ocurre que de tanto volver a recordar el momento en el que sabemos que la cagamos surge la efímera sensación de que vamos a ser capaces de cambiarlo. Antonio tocaba con la punta de los dedos su brazo alzando la primera cucharada de arroz. Casi, casi lograba lanzarla por los aires.

No sabía determinar cuántas veces tenía que hacer ese recorrido mental para darse cuenta de que ya lo había marcha atrás. Pero camino del quirófano se encendió una luz (y no, no era la de un túnel angosto) y supo con claridad que debía dejar de buscar el botón UNDO  y centrar todas sus energías en encontrar el FF.

Golpes: Semana #6

 

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