No podría deciros quién es Jack el destripador. Ahora.

Hubo un momento en que sí podía deciros quién fue. No porque tuviera un sospechoso favorito, sino porque lo sabía. Diréis que miento, o que exagero. Pero no. Realmente lo sabía. Pero no lo supe durante mucho tiempo antes, y tampoco lo sé ahora.

Lo que intento explicaros es complejo.

Como a mucha gente, me fascina el caso de este asesino en serie. He leído libros, he leído el comic de From Hell, la principal fuente de mi curiosidad particular, he visto películas. Mi favorita es Muerte por decreto, la que combinaba a Sherlock Holmes con la trama de “The final solution” de Stephen Knight, el Ripperólogo más famoso y trágico, que también es la base de la trama de From Hell. Así que naturalmente las nuevas teorías sobre la identidad del asesino me hacen levantar la vista y poner la oreja. Como todos los curiosos con esta misma afición, sé que es inútil dar una solución final. Siempre habrá alguien con un nuevo sospechoso, con una nueva teoría, una nueva pista o interpretación de una pista vieja. Pero el resultado seguirá siendo el mismo. Nunca sabremos quién fue porque no podemos saberlo. No hay forma de sacar más información. No hay otro medio de investigar que la deducción a partir de esa información. Siempre es insuficiente, siempre será insuficiente. Y cuanto más tiempo pase más evidencias se perderán y menos relación tendremos con ese tiempo. Comprenderéis cual fue mi sorpresa, cuando por unos breves segundos, conocí al ínclito Jack. No se llamaba Jack, por cierto.

Habréis deducido que mi época no es el siglo XIX por mis referencias. Una película de los 70 y un comic de los 90. De hecho, mi época es incluso posterior. Escribo esto en el 2017. Así que, a menos que tenga 139 años, es prácticamente imposible que conociera al Destripador y aún más imposible que lo recuerde.

Lo cierto es que ni siquiera nací en el Reino Unido. Y el Whitechapel que he conocido es el que he visitado como turista hace un año. Tenía una guía para seguir la ruta del destripador. Pero, claro está, ya no es el arrabal masificado y tenebroso de finales del siglo XIX. Y las calles dónde se cometieron los crímenes ya no se parecen en nada. Algunas localizaciones ni siquiera existen como tal. En particular, el pequeño cuarto dónde fue asesinada Mary Kelly, estaba dónde un enorme socavón, que ocupa la manzana entera, anuncia la construcción de un parking. Un poco decepcionante la verdad. Es como ver historia enterrada en el cemento que estaban vertiendo en el encofrado. Ni siquiera los fantasmas se sentirían cómodos tan cerca de los rascacielos cercanos y tiendas de productos bio que se empezaban a ver por los alrededores. Serían demasiado incongruentes.

Pero de todas formas ahí estaba yo. En el lugar en el que ocurrió todo. Al lado de la macabra iglesia blanca de Christ Church. Probablemente el único edificio reconocible de la época en que ocurrió el otoño del terror. Recorrí los escasos metros que había hasta la situación del último crimen. No iba a poder acercarme del todo, porque ahora mismo, en la estancia dónde había ocurrido el crimen más horrendo de Jack, solo había aire y columnas en construcción. Observé que había una especie de espejito brillante, no mayor que un botón en la valla metálica blanca que rodeaba la construcción. Justo delante del lugar dónde debía empezar el corredor que llevara hasta la vivienda de Mary Kelly. Según me acercaba, este botón parecía aumentar su brillo, y dado que el día, aunque luminoso, seguía interrumpiendo la luz directa con nubes, era imposible que solo fuera un reflejo.

Pero algo extraño sucedía cuando lo intentaba mirar de lado para identificar lo que era. Prácticamente desaparecía de la vista. En cambio, si me dirigía hacia el brillo, lo que no era natural porque te podía cegar, este parecía hacerse más grande. Era muy extraño porque el foco de luz multiplicaba su tamaño hasta casi ser de la altura de un túnel, en el que cabía una persona. Y efectivamente eso es lo que era una vez estabas justo en el punto más luminoso. Un túnel rodeado de luz, que solo podía ser visto desde la posición en la que estaba, y que aparentemente nadie más veía. Al otro lado del túnel sin embargo no había luz. Estaba muy oscuro, prácticamente como si fuera de noche, o quizá el amanecer de un día nublado. Había una sombra moviéndose. A lo lejos distinguía un cuarto exento del edificio con una ventana por la que escapaba una débil luz. Ese cuarto no estaba ahí. No en mi época al menos. La sombra había salido por la puerta del cuarto y se dirigía al túnel. Era un hombre, de estatura media pero fuerte, notablemente abrigado y cubierto con capa, incluso con un sombrero de copa. Vi su cara. Supe que era Jack. No pude evitar gritar su nombre. Él se paró en seco al descubrir el túnel en su lado del tiempo. Probablemente asustado y fascinado como yo. Pero quizá se debió sorprender más, dado que yo estaba en verano, vestía shorts y camiseta y era una mujer. Jack se abalanzó contra mí. -NO ME LLAMO JACK -dijo su voz resonando por el túnel. Pero cuando me iba a alcanzar tuve la presencia de ánimo de saltar hacia un lado desapareciendo de su vista y de la salida del túnel. El en cambio entró demasiado rápido y acabó trastabillado en la carretera. Por la que pasaba un camión en ese momento. El conductor no lo vio, el golpe le lanzó varios metros, golpeo la valla de la construcción y calló hacia los cimientos del parking. Como había dicho, estaban vertiendo cemento. Nadie lo vio. Cuando me puse en pie el túnel ya no estaba allí. Ni siquiera el botón luminoso. Intenté ver por los resquicios de la valla. No pude ver más que una gran extensión de cemento en el fondo del foso.

Me encanta Londres.

Comentarios (2)

  • Pablo Amor . 27 febrero, 2017 . Responder

    Me parece todo bastante plausible, pero dijo ‘No me llamo Jack’ en español o en inglés?

  • (Autor) Sam . 27 febrero, 2017 . Responder

    En inglés pero con acento maño. Era muy raro.

 

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