CUATRO PASAJEROS. PARTE 14. Deudas (3)

1 noviembre, 2017.0 Comentarios.#ficción #relato

Así que empecé a pensar que en realidad ya no me quería. Puede que no fuera verdad, pero es lo que sientes cuando te sientes abandonada. Así que, para evitar la depresión. Bebes. La bebida te deprime más por las mañanas, y para cuando te toca ir al trabajo, haces lo que tienes que hacer para quitarte esa sensación horrible. Era una falsa felicidad en el curro. Pero era la que al menos me podía permitir. Pero no alcanzaba para Manuel. Quizá estaba deprimida y poco cariñosa por las mañanas, pero a lo mejor era de esperar dado el curro que tenía. Especialmente los fines de semana que él libraba. Quizá debiera haberse dado cuenta de que, aunque estaba bien que los dos ganáramos dinero, y nos pudiéramos quitar la deuda, iba a ser un problema que no tuviéramos tiempo para estar juntos. Cuando ya no pudo disimular más, empezó a volverse un capullo. Recriminándome el tipo de vida que llevaba, que no buscase trabajo de lo mío, que siempre volviera borracha. Que siempre estuviera tirada por las mañanas, apenas capaz de salir de la cama. Que estuviese aparentemente ida cuando estábamos juntos, y al borde del llanto cuando discutíamos. Que, y esto era muy ofensivo, aunque el creyera que no, “a ver que hacía sola por las noches para llegar tan tarde”. Eso hacía que cada vez me sintiera peor por las mañanas y mejor me lo quisiera pasar por las noches. Hasta que me despidieron.

Hasta que llegué en un taxi de madrugada y tuve que despertar a Manuel para que lo pagara por mí. Se le fue la olla. No con el taxista, era demasiado educado y sin sangre para montar un número delante de desconocidos. Pero sí en casa. No solo me habían echado del trabajo, sino que, además literalmente, me habían echado a la calle, y de la calle parecía que me habían sacado. Medio a vestir, con la ropa de calle y la decididamente zorrón del bar, en combinación incoherente (una compañera del bar me había sacado mis cosas, una vez que consiguió que el imbécil de Jose Mari se calmase lo suficiente como para darse cuenta de la que le podía caer encima, si me llega a pasar algo mientras él me secuestraba mi bolso y mi ropa). Sin dinero para pagar al taxi, sin apenas razonamiento porque lo había dejado en la última copa. Menos mal que el taxista se comportó. No estaba preparada, de ninguna manera, para poder replicar la sarta de acusaciones tóxicas que me arrojó a la cara nada más cerrar la puerta del piso. No solo que estaba harto de mí, lo mínimo que podía esperar del mal despertar que tenía. No solo que fuese una depresiva profesional solo cuando estaba con él y una zorra borracha cuando no. No solo que fuese la clase de persona horrible que despiden de los trabajos más mierdas. No, además, tuvo los santos cojones de echarme en cara que era la culpable de que siguiéramos pagando los créditos que habíamos pedido para hacer nuestros Masters. Los que le habían dado un trabajo mejor a él mientras yo me dejaba los cuernos en trabajos basura. Tuvo las narices de decirme que tenía una deuda y que me quería fuera de casa en los próximos días. No podía creer que me hubiese pasado tantos meses de mi vida compartiendo cama con un ser tan mezquino, que aprovechase mi momento más bajo para darme encima con el atizador y cortar conmigo. No podía siquiera pensar claramente, aunque casi me espabila con toda aquella porquería que me echó encima. Fui capaz de hacerle una transferencia con el móvil, dejando mi cuenta pelada solo para copar con aquella acusación y pretender que podía seguir combatiendo. Pero mi causa estaba perdida desde el momento que mi cerebro estaba frito y él lo sabía. Se aprovechó de ello y no trató de disuadirme, que hubiera sido lo justo.    Pero estaba demasiado exhausta, física, mental y emocionalmente. Aquello era más fuerte que yo. Simplemente agarré una manta y me eché a lo largo en el sofá, sin quitarme la ropa, ni lavarme la cara. Manuel no quería parar ahí. Pero me dio igual. Simplemente me eché la manta sobre la cabeza para ahogar los gritos y ocultarme a la luz. Pronto estuve fuera de combate y Manuel debió desistir. Creo que se fue a la cama solo y pasado un rato intentó despertarme. Nada que hacer, estaba demasiado K.O. para entonces y apenas si me moví. Aquello debió ponerle de los nervios. Me alegro.

Golpes: Semana #29

 

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