CUATRO PASAJEROS Parte 6. Interludio

14 junio, 2017.0 Comentarios.#ficción #relato

-Fin -dijo Esteban. – ¿Qué tal? ¿Os ha gustado?

– ¿Cómo de real crees que les ha parecido? -Respondió Elías.

-Yo creo que se lo han tragado hasta la raspa. -Dijo Esteban aludiendo al silencio en que nos había dejado la parte final de la historia.

-Tenemos que consultaros, chicos. -Esteban siempre cree que puede convencer a los demás de que el Esteban de su historia es real. ¿Qué parte creéis que se ha inventado?

-Por favor, está muy claro -Dijo Cata, Pablo sin embargo no podía figurarse cual era esa parte tan evidente. -No me creo que te llamaran Esteban cuando todos los demás tenían un mote. Fijo que tú también tenías uno Esteban, pero no lo has querido decir. -Elías y Esteban se miraron a los ojos y luego estallaron en carcajadas.

-Muy perspicaz por tu parte. Es verdad, yo también tenía mote. -Reconoció Esteban.

-Y el mote era… -Insistió Cata.

– ¿De verdad te mordió un lobo? -Interrumpió Pablo.

– ¡Claro hombre! ¿Cómo no me habéis preguntado eso? -Tronó Esteban con un punto sardónico, encantado con el cambio de dirección en la charla. Estaba disfrutando ese viaje más de lo que pensaba que iba a gustarle. Elías elevó los brazos con las palmas de las manos hacia arriba y emitió un gutural resoplido. Era un gesto teatral que indicaba que no podíamos dejar escapar tan fácilmente a Esteban de aquel vergonzoso detalle. -No se van a quedar sin saber el dichoso mote. -Dijo Elías. -Siempre haces lo mismo.

-Pero hombre, me puede haber mordido un lobo, es mucho más interesante que mi mote. ¿Tú qué crees Pablo? -Pablo se había inmerso tanto en historia de Esteban que no había apreciado a la primera el juego de tomaduras de pelo entre Esteban y Elías, diseñado para encantar a la gente, y especialmente a chicas jóvenes perspicaces como Cata. Pero ya había salido de su estupor inicial y comprendido.

-La verdad es que me gustaría saber qué te puede ocurrir si te muerde un lobo, es bastante exótico. En cuanto al mote, seguro que si no tenías uno te lo pusieron después de que mordiera el lobo. Suponiendo que no sea todo ficción. De cabo a rabo.

-Los chicos quieren saber Esteban, el público se impacienta. Cunden los nervios y los rumores, se empiece a maldecir al autor… -Dijo Elías disfrutando sus mezquinos pinchazos.

-El público se impacienta porque el señor Alegre -Elías -no empieza de una vez su historia como había prometido. No sé cómo no te dejo en la próxima gasolinera. Y eso porque soy buena gente y me parece mal dejarte ya mismo en el arcén. -respondió Esteban.

-Yo creo que Pablo tiene razón, que te cambiaron el mote después de que te mordiera el lobo. -Insistió Cata, que se encontraba a gusto en la pantomima de ofensas de Esteban y Elías.

-Otra que voy a dejar en tierra -Prosiguió Esteban haciéndose de rogar.

-Eso sería horrible para tus credenciales en Bla bla car. Nadie más querría montar contigo nunca. -Dijo Cata, adoptando un tono de institutriz de ficción, aleccionando a niños descarriados. Esteban sopesó esta advertencia con el ceño fruncido -Reina. -Soltó como un exabrupto, tan repentino que en el primer momento no supieron a qué se refería. Sus compañeros quedaron mudos, incapaces de percibir si Estaban estaba realmente molesto o solo seguía tomándoles el pelo.

-Ese fue mi primer mote, por motivos obvios, mi apellido es Rey. Pero luego tuve otros, como Oso, por mi tamaño, luego degeneró en Osobuco, Buco, Bucodental. Y como habéis adivinado, después del mordisco, me llamaron Hombre-lobo o licántropo. No uso “Reina” en la historia porque distraer bastante de lo que pasó.

– ¿Entonces es verdad que te mordió un lobo? -Volvió a preguntar Pablo.

-Tengo la prueba dentro del zapato. Bueno, en realidad la tiene el lobo que me mordió. Dos dedos se llevó. Los pequeños, menos mal, de la pierna izquierda. -Esteban se volvió para mirar la impresión que sabía que siempre producía al decir eso. Nunca fallaba. Sonrió complacido. -Bueno, ya basta de hablar de mí. Elías, sé que estás haciéndote el longuis, pero te toca. No cuentes la de siempre.

-Oh, por favor. La tuya ya me la conocía.

-Ya, pero yo cuento otras. Tú, siempre la misma. -Pablo y Cata se unieron al coro del acoso a Elías -Ya, es verdad Elías, que repetitivo. -Que falta de consideración. -Luego cogeremos un libro tuyo y será otra vez la misma historia, seguro. -Así que Elías cedió y dio comienzo su historia.

Golpes: Semana #21

 

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